Ya no sabemos lo que es regalo y cuando es impropio aceptarlo? La presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, teme en broma que sean impropias unas picotas que le regalaron. En el debate salen a relucir las anchoas que el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, entrega a Zapatero cuando es recibido en el palacio de La Moncloa. Qué lata.
Estas dudas vienen bien a la confusión que se busca para hacer creer que, además de legales, los trajes que se probaba y quedaba Francisco Camps forman parte de la elegancia social del regalo.
Para mejor documentarnos se acude a culturas cercanas, en las que está perfectamente determinado qué hacer con los obsequios. Está bien saberlo, por antropología. Por Derecho comparado, las cantábricas anchoas de Revilla podrían acabar en una despensa del Patrimonio del Estado de un país más septentrional y protestante, lo que sería una lástima porque son semiconserva y se perderían.
Por el valor del presente podemos orientarnos sobre la capacidad de influencia que quiere lograr el obsequioso con su agasajo. En el caso de Camps, ni siquiera se oyó decir el cortés «no deberías haberte molestado», sino «te quiero mucho» y frases similares, largamente utilizadas en el intercambio de favores en una economía informal.
Hace años, había señores casados que tenían una amiga con la que ejercían el sexo e interpretaban algunas formas de afecto y protección. Para envolverlo bonito, de vez en cuando, él pagaba con un regalo. De las respuestas antes citadas, ella nunca escogía «no deberías haberte molestado» ni «lo siento, no lo puedo aceptar», sino «te quiero mucho». Era la respuesta correcta para seguir recibiendo regalos, algo que hay personas a las que les hace mucha ilusión.