Los pueden batir enérgicamente el tiempo que deseen, pero al poco tiempo vuelven a separarse. Agua y aceite no se pueden mezclar.
El agua es el visitante irrespetuoso, ruidoso, insomne, transgresor, que viene a Ibiza únicamente a vivir la noche, algunos sin lugar fijo donde dormir, que no van a ir a ningún restaurante y que lo que pueda ser gratis, aunque tenga precio, intentarán no pagarlo.
El aceite es el visitante que respeta y espera respeto, viene a un hotel, casa o barco, se interesa por conocer la isla de día y de noche, sale a cenar y a tomar unas copas.
Ahora vuelve a hablarse de un ´plan Renove´ turístico, de un golf en Platja d´en Bossa, de otro en Sant Antoni, además de intentar atraer más cruceros y de la construcción de un gran centro termal de lujo, junto con la casi acabada renovación del Club Náutico, la ampliación del aeropuerto y puerto de Ibiza. Obras todas enfocadas a aumentar el número de turistas de alto poder adquisitivo que nos visitan, que cada día son los menos.
Si con estas actuaciones desde la Administración realmente quieren parar la peligrosa caída en cantidad y calidad de nuestros visitantes, y fomentar que Ibiza deje de ser sinónimo de droga, sexo y desmadre, antes de comenzar las obras deben de tener muy claro la Ibiza que quieren conseguir, el camino a seguir y las herramientas necesarias para conseguirlo. También deberán de aparcar los partidismos y amiguismos para no perder de vista el objetivo: Eivissa. Quien no quiera remar en este barco que no suba, y si sube algún esquirol los demás deberemos tirarlo por la borda.
Eivissa aún está de moda, pero tenemos la obligación de convertirla en un clásico.