Algo falla en la educación sexual que se da en escuelas e institutos cuando fracasa su objetivo declarado de evitar embarazos no buscados. Es notoria la ignorancia de las jóvenes ibicencas en la interpretación de sus síntomas de fertilidad, que su cuerpo les ofrece día a día, tras recibir educación sexual teórica durante años. Podrían interpretarlos con el simple control de los cambios de temperatura o de las características cambiantes de su moco cervical, pero nadie se lo enseñó. Y preguntar a un chico cuántos días sobreviven sus espermatozoides dependiendo del medio vaginal que encuentren suele ser otra prueba del desconocimiento del tema entre una juventud que padece las lagunas de una educación escolar donde no sólo fracasan las matemáticas. Se da por supuesta la eficacia de terapias no sometidas a escrutinio científico. Publica el British Medical Journal un estudio prospectivo en Inglaterra que evalúa objetivamente la eficacia de un programa de prevención en jóvenes de 13 a 15 años expuestos a embarazos no deseados, drogadicción y alcoholismo. Los profesionales que desarrollaron una intervención intensiva (173 horas durante 40 semanas) sobre estos jóvenes, que incluyó educación sexual y sobre drogas, los comparan con un grupo que recibía la educación estándar en esos temas. Como resultado de la intervención, inesperadamente, las jóvenes del grupo con tratamiento intensivo quedaron embarazadas con mayor frecuencia que las del grupo de tratamiento ´habitual´: 16% contra el 6%; tuvieron experiencias de relación heterosexual más precoz (58% contra 33%); y una probabilidad de maternidad juvenil también mayor (34% contra 24%). Lo que no varió entre los grupos es la muy escasa proporción de hombres conscientes de haber provocado un embarazo.
La educación intensiva no fue eficaz para retrasar el comienzo de las relaciones heterosexuales ni para reducir embarazos, borracheras o uso de cánnabis. Concluye el estudio que algunos resultados sugieren, por el contrario, un efecto adverso y sus autores dan vueltas a cómo lo que parecía lógico sobre el papel resulta en la realidad de la vida exactamente lo contrario: enseñaron un sexo seguro que resulta no serlo. No es que la educación sexual no sirva, sino que se trata el tema sin considerar las características individuales de una cuestión personal e íntima, como quien enseña una técnica igual para todos, y no habría que recordar que los seres humanos no son máquinas de serie. Las carencias de la educación sexual al uso y el aumento del aborto entre adolescentes en Baleares y en todo el país, lleva a algunos a sustituir cómodamente el ponerse a pensar qué falla por una especie de escapismo intelectual y proponen vender más de lo mismo, en la hipótesis de que una sobredosis de lo que ha fracasado solucionará los problemas. Inglaterra lidera el número de embarazos adolescentes europeos y gasta millones de libras en prevenirlo mediante educación sexual con resultados nulos, así que en Sheffield las autoridades (?) sanitarias cambian de estrategia: en vez de disuadir, estimular. Proponen a sus escolares una vida sexual exactamente como si fueran adultos: «Un orgasmo al día aleja al médico, mínimo dos relaciones semanales». Es asombroso, pero piensan evitar así embarazos y abortos adolescentes. También aquí siguen lo de ´de perdidos al río´, y la vicepresidenta De la Vega propone proteger de sus padres a las embarazadas menores de edad, como si hubiera expropiado la patria potestad a los padres. Hay autoridades dignas de otro nombre.