Ibiza y Formentera siguen siendo unas islas privilegiadas a pesar de las heridas que hemos ido dejando en sus carnes: litorales arrasados, vertederos que se multiplican en la geografía interior y que no respetan ni los bosques, canteras que cortan las colinas a cuchillo, bahías y calas irreconocibles, caminos alquitranados, desmesuradas autovías, antiguas casas desfiguradas, norias y molinos arruinados, laderas de colinas que hoteles y urbanizaciones han convertido en enjambres de cemento, barrios urbanos convertidos en guetos intransitables... Y la lista podría seguir. Todo un rosario de despropósitos que, por su envergadura y materialidad, es lo primero que ve quien nos visita: una imagen de desidia, mal gusto y devastación incomprensibles. Y un problema que, por otra parte, no se queda sólo en los grandes desaguisados que vemos en la distancia, cuando nos desplazamos en coche de un lugar a otro, sino que en las distancias cortas se repiten y multiplican. Y tiene su lógica. Porque si no cuidamos lo que se ve más y antes –infraestructuras, paisajes y arquitecturas– es normal que descuidemos aquello que se ve menos, las pequeñas cosas que, sin embargo, son las que tocamos y entre las que nos movemos cada día.
Estos pequeños aspectos que descuidamos son precisamente los que más contribuyen a crearnos una determinada imagen del lugar en el que estamos. En enclaves turísticos como Ibiza y Formentera, estas cosas –que sólo aparentemente pasan inadvertidas– tienen un efecto tremendamente negativo y sería relativamente fácil corregirlas. Un ejemplo lo tenemos en el hecho de que cada municipio haga de su capa un sayo y dicte determinadas normativas y ordenanzas a su aire. Y así sucede que lo que vemos en Santa Eulària no tiene nada que ver con lo que vemos en Sant Josep o Sant Antoni. Lo que quiero decir, en resumidas cuentas, es que en muchos asuntos –ordenación urbanística, servicios, transporte público, mobiliario urbano, terrazas de bares y cafeterías, discotecas, horarios de ocio nocturno, limpieza, gestión de playas...– debería existir un acuerdo plasmado en normativas y ordenanzas comunes, de forma que los distintos municipios, todos ellos, dieran una misma imagen de orden y concierto, una misma imagen de calidad. Pero es muy posible que esté soñando.