Hace unos días, en estos mismos papeles se comentaban las dificultades que tenemos para aparcar en la ciudad, situación que perjudica sobremanera a los comerciantes. Su queja es comprensible porque ir de compras implica callejear, mirar escaparates y entretenerse en las tiendas, cosa imposible si uno está pendiente del parquímetro o, lo que es peor, está mal aparcado. Y eso en el mejor de los casos, porque suele suceder, después de «tropecientas» vueltas, que el personal se larga hastiado con la música a otra parte. Y conste que no hablamos de dejar el vehículo en la Marina o el Ensanche, algo que siempre será casualidad porque no tenemos calles para tanto coche, el verdadero problema es que no dispongamos todavía de una red perimetral de estacionamientos que responda a las necesidades que tenemos. Mientras no se haga, Vila será una «ciudad-erizo» a la que uno no puede acercarse. El Consistorio ha tratado de paliar la situación con un bus gratuito entre la ciudad y los estacionamientos de Multicines y Gorg. Un esfuerzo muy de agradecer, pero es un parche.
Permítanme una confidencia como ejemplo. Viviendo cerca de Cala Llonga, al atardecer y mientras duraba el verano, solía bajar a Vila para refrescarme, callejear, ver alguna exposición o encontrarme con algunos amigos. Pues bien, ahora bajo lo menos posible y evito pasar por la ciudad. Y el motivo es que no encuentro aparcamiento. Me resulta menos enervante ir a Santa Eulalia que, por cierto, tiene una magnífica rambla y un paseo marítimo en el que, incluso en verano, se respira tranquilidad. Vila, en cambio, es una caótica babel. De vez en cuando, algún representante del consistorio vilero nos recuerda el publicitado y faraónico proyecto de crear miles de aparcamientos, pero empiezo a pensar que tal vez nos hicieron el anuncio –y no caímos en la cuenta– un 28 de diciembre, día de los Inocentes. Me pregunto a qué están esperando.
No les pedimos que los hagan todos a la vez, pero, por favor, ¡pongan la primera piedra! Mientras no se decidan, los comerciantes se tirarán de los pelos y los demás esquivaremos tanto como podamos la ciudad.