La magnífica serie estadounidense ´A dos metros bajo tierra´ fue enterrada por el éxito simultáneo de ´Los Soprano´. Reventó la puerta del siglo XXI con mucha valentía en sus nuevos contenidos contra viejos prejuicios.
Ambientada en una funeraria familiar, usaba el más temido de los humores, el negro, y trataba sobre la muerte. En las ficciones audiovisuales se trata mucho más de matar que de morir, porque lo primero es bueno para la taquilla y lo segundo, tabú. En el primer episodio, en un barrido de cámara y sin estridencias ni subrayados musicales, se descubría que un protagonista, David Fisher, era gay, que su novio era negro y que el novio negro era policía. Unos segundos para recordar a los que creen que la sociedad estadounidense es tonta, algo incompatible con que hagan las ficciones más avanzadas del Planeta para su audiencia local.
Michael C. Hall, el actor que interpretaba a David Fisher, ahora encarna a Dexter, un forense psicópata agradable y pulcro que canaliza su compulsión de asesino en serie descuartizando criminales a los que la ley no logra castigar. La serie está muy bien. Hall comentó que su misma familia estaba encantada con el personaje, lo que no les había pasado con el anterior, porque preferían que encarnara a un asesino en serie que a un homosexual enamorado. ¿Qué familia le parece más normal, los Hall o los Fisher? El actor extendía la apreciación a la sociedad estadounidense.
Deducir que los Hall y muchos estadounidenses sean psicópatas es exagerado. Lo homófobo, algo menos, pero el asunto tiene tanto que ver con la ficción como con la realidad. Para muchos espectadores la violencia es una ficción evasiva que no se creen y una familia tan ficticiamente real como los Fisher, les parece una creíble intromisión de la realidad en la ficción. Muchas personas rechazan relatos realistas alegando que ya tienen bastante con su vida.