Cada fin de temporada, sobre el mes de noviembre, se encuentran dos amigos en Bali o en cualquier lugar de Asia (Bangkok, Delhi...) Van a comprar mercadería para la próxima temporada: collares, pulseras, plata, pareos, sandalias, etc. etc.
Uno de ellos tiene espíritu emprendedor y de riesgo y ha conseguido un local en el centro de Sant Antoni, por tanto mucha faena por delante; después de las compras regresa a la isla, consigue un préstamo, solicita el permiso municipal para hacer una buena reforma del local, pintura, mobiliario, nuevas instalaciones... Después, ya en el mes de abril y para empezar a dar un poquito de actividad al pueblo, abre puestas, no sin antes solicitar el permiso de apertura, contratar un seguro del local, alta en el IAE, alta de autónomos y la contratación de un empleado (alta en la Seguridad Social, a través de una gestoría), la prevención de riesgos laborales y la vigilancia de la salud del personal. Y después en julio vendrán las tasas: basura, vía pública, pagos del IVA, módulos, retenciones a cuenta del IRPF, pagar gestoría y al personal, claro, que ya es fin de mes... ¡Ah sí!, luz, teléfono, agua, alquiler del local, yo que sé...
El otro amigo, que no es tan emprendedor, se queda todo el invierno en las playas de Tailandia o Kuta, regresa a mitad de mayo y empieza a vender en cualquier mercadillo de la isla, por ejemplo el que el Ayuntamiento de San Antonio les pone en la primera línea del Paseo del Mar; por allí acuden gran cantidad de turistas y con una pequeña tasa cubren todos los gastos de la temporada.
El comerciante, a mediados de junio, ya está de pagos hasta el cuello y las ventas apenas han empezado, los turistas ya sólo se mueven en la fachada marítima, pero su local está en el centro, no se puede aparcar y a su alrededor tiene otros locales cerrados, sucios, con aspecto de abandono, con fachadas pintadas con grafittis... Se está planteando seriamente la posibilidad de cerrar, por no poder cubrir los gastos.
Esto que parece un cuento es una realidad en Sant Antoni, y lo peor de todo es que la incompetencia de las autoridades lo está amparando, apoyando y promoviendo.
Es hora de decir basta ya.