No estoy muy seguro de que los intereses de las navieras coincidan siempre con los intereses de Formentera, y me pregunto si el Consell de la Pitiusa menor presta suficiente atención a las nuevas y potentes propuestas que aquéllas hacen. Aparentemente, el último invento que promociona desde Dénia las excursiones de un día a Formentera por el módico precio de 50 euros, ida y vuelta, parece una buena noticia. Pero ¿lo es, además de parecerlo? Lo digo porque la nueva línea supondrá un desembarco, tres días a la semana, de cientos de personas que, para aprovechar la jornada, irán como locas y mayoritariamente motorizadas de aquí para allá.
Desde el punto de vista de la naviera, la iniciativa es positiva al crear una nueva comunicación, y puede ser exitosa, pero me pregunto qué rentabilidad tendrá para la isla, si exceptuamos el alquiler de bicicletas, motos y coches. Salvando las excepciones, me temo que el personal viajará con su correspondiente bolsa de picnic y que su excursión contemplará recorrer, contrarreloj, la isla de cabo a rabo. Es un tipo de viaje y de tarifa que invita a la improvisación, hecho que puede suponer, para quienes quieran quedarse dos o tres días y no encuentren alojamiento, que, tras la nocturna fiesta de rigor, pasen acampados el resto de la noche. Un tipo de turismo, en fin, de dispendio escaso y que puede dar una imagen que no sé si es la que Formentera necesita. El tiempo lo dirá.
La oferta, en todo caso, viene a sumarse al continuo trajín estival de la navieras que van y vienen desde Ibiza y que, en muchos casos, también proporcionan mayoritariamente turismo de un único día. Sería interesante que el Consell de Formentera estudiara con detalle las ventajas y los inconvenientes de este tipo de turismo, porque muy posiblemente tendríamos alguna sorpresa y sabríamos qué estrategia conviene seguir en beneficio de la isla y de sus habitantes.