La pesadilla ansiosa de presentarse a trabajar en pijama puede dejar de serlo. Hay grandes creadores de tendencias de moda que opinan que los pijamas deben mostrarse con orgullo y no deben ser relegados a la intimidad. La intimidad está cambiando a través de las redes sociales de Internet, donde se cuentan o muestran a grupos de amigos invisibles cosas que antes se reservaban al cara a cara o al petit comité. Si eso pasa a la realidad, los más modernos irán en pijama a trabajar y acaso se pongan el traje para acostarse. De momento, a los ejecutivos bancarios de bolsa de la City londinense les recomendaron que dejasen la corbata y el uniforme de ejecutor en casa para no enfadar al resto de los peatones.
Hasta ahora la única persona que se ponía en público el batín y el pijama de seda para trabajar era Hugh Hefner cuando recibía a los periodistas en la mansión ´Play Boy´. En adelante eso se puede generalizar y el pijama acaso sea un uniforme de rango: el comandante lleva batín de seda y la tropa poca ropa y pajarita. Trabajar en pijama fue una propuesta futurista. En ´Star Trek´, la serie televisiva, los trabajadores iban por el espacio en esquijama.
Si triunfa la moda habrá un pijama de dormir y otro de vestir y sólo los que practican el teletrabajo (en el que tantas esperanzas se habían puesto) no necesitarán cambiarse para currar. Los que no distingan que hay un vestuario para cada ocasión se equivocarán presentándose en la oficina con un pijama del hiper arrugado. Si se llegara a ese ideal de explotación de dormir en la empresa habría que llevar un pijama de vestir y otro de cama (o un traje de chaqueta si así lo deciden los modistas). Hay algo a favor de que la propuesta triunfe: la crisis está haciendo que la pesadilla ansiosa ya no sea presentarse en el trabajo sin estar vestido sino que presentarse y que no haya trabajo aunque vayas hecho un pincel.