Siempre se ha dicho que es más fácil destruir que construir, pero en nuestra geografía es exactamente al revés, siempre ha sido más difícil destruir que construir. Y como suele decirse, para muestra un botón, ¿cuántos años nos ha costado, a pesar de su manifiesta ilegalidad, conseguir la demolición de la casa de Cretu? Destruir en Ibiza es difícil, tremendamente difícil. En cambio, construir, durante décadas, ha sido facilísimo. Lo hemos hecho cuando nos ha dado la gana, como nos ha dado la gana y, por si fuera poco, en lugares inverosímiles, arenales, acantilados, bosques, laderas arcillosas que prometían desmoronamientos y en el punto más alto de las montañas. Construir ha sido una fiesta, una auténtica orgía. Con este encuadre, es normal que muchas personas se hayan alegrado al ver el martillo pilón rompiendo paredes y techos en la mansión de Cretu. Aunque sólo sea –dirán algunos– para que sirva de lección. Es un motivo que comparto, pero debo reconocer que no me ha alegrado en absoluto ver las máquinas en su acción demoledora.
Hay que felicitar a quienes, por civilidad, denuncian irregularidades y consiguen que la justicia ponga los puntos sobre las íes. Pero pienso que si no se puede jugar con el territorio, tampoco se puede jugar con el dinero de los ciudadanos. Lo diré de otra manera: las autopistas son un despropósito mayúsculo, por su desmesura y por la mala forma en que se ejecutaron, pero me imagino que a nadie se le ocurrirá borrarlas del mapa y tratar de rehacer el paisaje. Pues, respecto a la casa de Cretu pienso lo mismo. Entiendo que era necesaria la denuncia y llegar a una sentencia condenatoria, pero mucho me temo que el remedio puede ser tan malo como la misma enfermedad. Sigo sin entender, por ejemplo, que el Ayuntamiento de Portmany –el ciudadano, finalmente– tenga que pagar los platos rotos. Creo que se debería haber trabajado mucho más en que Cretu tuviera su sanción, la indemnización que le correspondiera y, por supuesto, en que perdiera la propiedad del inmueble, pero es evidente que la casa hubiera podido tener un uso público, ahorrándonos el costo de una tremenda demolición al que habrá que añadir el de recomponer el paisaje. Y esta es otra. Porque está por ver qué regeneración se hace en el solar que ahora se arrasa.