Zapatero no ha ganado el debate sobre el estado de la Nación, pero tampoco lo ganó Rajoy, de manera que, aunque parezca un galimatías, el tanto a favor se lo apunta el presidente. Pero más allá de quién ha ganado y quién ha perdido, la pregunta que cabe hacerse es ¿y ahora qué?. Sí, qué va a cambiar a partir del debate sobre. Porque lo que preocupa a los ciudadanos es no quedarnos sin trabajo y a quienes ya han perdido el empleo poder encontrar otro cuanto antes. Así de simple. De manera que ahí está el quid de la cuestión, si a partir de ahora las cosas van a mejorar o van a continuar como estaban.
Lo que se evidenció durante el debate es que el PSOE se ha quedado solo, que nadie le da crédito y que si quiere algo lo tiene que pagar al contado. De manera que en esta semana que media entre el debate y la aprobación de las resoluciones consecuencia del mismo, el portavoz socialista José Antonio Alonso, y sin duda la vicepresidenta Fernández de la Vega, tendrán que dedicarse a hacer alta política para convencer a los grupos que voten sus resoluciones. Si Zapatero logra que algunas de las medidas de su plan sean votadas por la oposición podrá presumir, que más allá de los discursos no está tan solo.
El presidente cree que la oposición se regodea con que la situación económica sea crítica, pero más allá de este juicio de intenciones y de lo que de verdad piense o deje de pensar el PP, la mayoría de los ciudadanos están deseando que el Gobierno acierte, porque si acierta eso tendrá una traslación positiva en la sociedad. Por eso, a esa pregunta de ¿y ahora qué?, la mayoría espera que empiecen a desgranarse respuestas que supongan al menos un alivio en la actual situación de crisis. Todo lo demás, incluido el duelo entre Zapatero y Rajoy, poco importa.