En política casi todo está escrito, pero, con un poco de descaro y el apoyo de la televisión, lo viejo se convierte en nuevo y lo ya visto en novedad. Si tiene usted unas elecciones a la vista y las cosas no le van bien; si no puede aplazar un debate parlamentario y en la calle tiene a cuatro millones de parados buscando empleo, tiene usted un problema... pero, tranquilo, tiene solución. Solución, no para los cuatro millones de parados, pero sí para distraer la atención de los ciudadanos que han de decidir a quién votarán el próximo mes.
Lo mejor es abrir un debate nuevo. Se trata de crear una historia capaz de distraer la atención del personal respecto de lo que realmente le afecta e importa. Una ´historia de distracción masiva´ pensada para excitar el maniqueísmo –izquierda/derecha– latente en la sociedad española. El objetivo es conseguir el mayor silencio posible sobre lo real (la ineficacia de las medidas tomadas para atajar la crisis) y abrir un frente en el que el Gobierno pueda debatir con la oposición acerca de quien es progresista y quien es reaccionario.
Ahí es donde aparecen Trinidad Jiménez y Bibiana Aído con la pastilla postcoital bajo el brazo, abriendo un debate sobre una cuestión ajena a las preocupaciones reales de la gente. Pero esa es la esencia de este tipo de estrategias de distracción. Zapatero es un maestro en este tipo de habilidades. Puede que Rajoy no pique y mantenga el foco de su discurso sobre el paro, pero Zapatero, que no da puntada sin hilo, está pensando en el 7 de junio y confía en que sean muchos los que se traguen la píldora del ´día después´ y, de paso, la de los ´brotes verdes´ en la economía.