Se pregunta Beatriz dónde aparca si tiene que ir a la Universitat Illes Balears (UIB) y vive fuera de la ciudad, y ella misma se responde citando varios aparcamientos disuasorios en las afueras. Yo, además, le añadiría el transporte público.
¿Qué más quiere? Ya que dice que tiene el coche aparcado todo el día sin moverlo, no creo que le cueste mucho hacer dos paseos al día, de la Universidad al coche.
Si todos sus compañeros hicieran eso, pondrían un granito de arena para que Ibiza no fuera un caos circulatorio y dejarían aparcamiento para los que de verdad lo necesitan, por ejemplo: ancianos, gente que va cargada, o gente con niños, y además evitarían multas como la que nos comenta en su carta, amén de ahorro de gasolina, contaminación y tiempo buscando un sitio.
Dice Beatriz que «quieren un parking en la extensión de la UIB», y esto, mientras esté la UIB donde está es tan utópico como que los estudiantes vayan en bicicleta, como lo hacen en Barcelona, Amsterdam, Brujas y en cualquier ciudad de Europa, ciudades por cierto, más lluviosas y frías que Ibiza.
También quiero decirle a los estudiantes que yo también quiero un parking, pues vivo muy cerca de la UIB, en una calle de no más de tres viviendas habitadas, y no más de dos coches «empadronados», pero que gracias a ellos ni en sueños puedo aparcar ni a trescientos metros a la redonda de mi casa sin que me cueste un dineral, y, creédme, no tengo ningún «carnet de parking» por vivir en la ciudad.
Para terminar, ya que de utopías hablamos, ¿qué tal si nos empeñamos en pedir formas de desplazarnos más ecológicas? Pues pretender aparcar donde uno quiere hace años que es imposible, sería bueno que los estudiantes os lo propusiérais.