PALMA | MATIAS VALLES
Para no alimentar un suspense baldío, el duelo entre María Teresa Fernández de la Vega y Carme Chacón –o Chacó, como la ha rebautizado Zapatero en alguna ocasión para acentuar su catalanidad– es a muerte. Sólo puede sobrevivir una de las dos. O ninguna, si la resolución del problema se atiene a los cánones imperantes desde los gobiernos franquistas. El enfrentamiento adquiere rango estatal cuando se recuerda que la vicepresidenta primera simboliza el zapaterismo triunfal de la anterior legislatura, en tanto que la ruleta sucesoria se detiene con asiduidad en la casilla de la titular de Defensa. Por ponerlo en su boca, «cuando llama el presidente del Gobierno, lo primero que dice Zapatero es ¿cómo está nuestro niño?» La
enternecedora declaración fue efectuada a la revista Elle, en vísperas de las generales.
La afición asiste a un duelo de vicepresidentas, porque ningún analista colocaría a Chacón por detrás de Elena Salgado –cuya función es encajar los golpes destinados a las innovaciones económicas de Zapatero– y del inédito Chaves. La hemeroteca sustancia el grado de proximidad casi simbiótica entre el presidente y su titular de Defensa, recopilada por ella misma. «Me dijo, vamos a trabajar, a trabajar mucho, sólo te pido que no renuncies a lo más lindo que le puede pasar a una persona, que es tener hijos». De nuevo, el embarazo de Estado en la revista Elle. Dado que el inquilino de La Moncloa y Fernández de la Vega han atravesado épocas recientes en las que no se hablaban, se percibe un escoramiento en la confrontación intestina que puede suplantar en emociones a la falta de combatividad y de carisma de la oposición.
De la Vega y Chacón son las políticas mejor valoradas de España según el CIS, sólo superadas por Rubalcaba y a un punto por encima de Rajoy, otro indicio de la fascinación que ejerce su duelo mortal. Sin embargo, la vicepresidenta primera ha sufrido la humillación de perder por unas centésimas el liderazgo, a manos de la vicepresidenta cuarta. La crisis del Alakrana ha aflorado la rivalidad en el gabinete de crisis, compitiendo en dramatismo con la suerte de los secuestrados. La liberación de los pescadores –por los secuestradores, no por el Gobierno– no ha relajado la tensión interministerial. La titular de Defensa declaraba el miércoles que había informado del traslado a tierra de tres marineros porque «nosotros nos movimos, nos condujimos e informamos en función de lo que nos trasladaban los servicios de inteligencia». Es notorio que el CNI está bajo el control efectivo de vicepresidencia, y sólo nominal del ministerio de la Guerra, una bifurcación que ya originó enfrentamientos interiores. En primera persona, tuve ocasión de participar en un coloquio con Chacón, poco después de la captura del atunero. La ministra se desentendió prácticamente del secuestro, limitándolo a un avatar molesto de la actividad pesquera que se resolvería con una negociación mercantil a cargo del armador. El mal periodista repite una pregunta cuando la respuesta previa resulta esclarecedora y casi sensacional, por lo que indagué:
–¿Está recomendando como miembro del Gobierno el pago de un rescate?
Chacón reculó parcialmente, pero sin apartarse de la frialdad y el distanciamiento ante una situación controlada en apariencia. El Gobierno acabó secuestrado por menospreciar la gravedad de la situación. En el dramático punto de inflexión de la crisis del Alakrana, el presidente se halla en Polonia y la vicepresidenta primera en Argentina. En el momento de la liberación, hubo que repatriar a toda prisa a tres ministros del gabinete de crisis, que se hallaban fuera de España. Chacón, en Bruselas. En el interín, la titular de Defensa se queja públicamente de que la agenda confeccionada por la vicepresidencia le obliga a un exceso de comparecencias comprometidas. Pena de telediario.
El pasado martes, Zapatero agradece a Fernández de la Vega su labor en la resolución del secuestro. A continuación, efectúa una pausa interminable, como si se hubiera quedado sin voz, y por fin cita a la ministra de Defensa. La distancia entre ambas menciones es inferior a la realmente existente entre sus destinatarias. La vicepresidenta primera del Gobierno es la superviviente a la cual el presidente no se atrevió a destituir, Chacón es la vicepresidenta que no se atrevió a nombrar en la resaca de la salida de Kosovo. La política catalana habrá de reclamar la vigencia de la rueda de prensa a dos atriles gemelos que dio con Zapatero a las puertas de La Moncloa, sobre unas trascendentales medidas de Vivienda de las que nunca más se supo.