MADRID | EFE
La líder de UPyD, Rosa Díez, afirmó que su «pequeño» partido será necesario mientras el PP y el PSOE no se comporten como fuerzas nacionales «y no sometidas a los nacionalistas», y lo hizo tras haber sido proclamada para continuar al frente del partido otros cuatro años
Muy emocionada al principio de su intervención, Rosa Díez, que fue reelegida con el 78,2 por ciento de los votos de los afiliados, dijo que quizá llegue un día en el que en España no sea necesario un partido «inequívocamente nacional», progresista, que defienda la separación de poderes, y que levante la bandera «de la igualdad» de todos los españoles.
Pero como ese día no ha llegado, subrayó, Unión Progreso y Democracia «hace falta» para condicionar la política del Gobierno y que ésta sirva a los intereses de los ciudadanos, y no a sus fines partidistas.
La intervención de Rosa Díez, que puso fin al primer Congreso Nacional de UPyD que se celebró durante el fin de semana, fue muy dura con toda la gestión del Ejecutivo, pero también con el PP porque, según dijo, «nos ha tocado el peor Gobierno posible, pero también la peor oposición posible».
En todo el discurso, la portavoz de UPyD no tuvo ni un sólo gesto de acercamiento hacia la candidatura crítica que presentó Valia Merino, que obtuvo el 18,3 por ciento del apoyo de la militancia.
Él si le dio la enhorabuena, según aseguró a los periodistas, y dijo que no se siente del todo perdedor porque cumplió «sobradamente» el objetivo de «dar un toque de atención» a la dirección del partido, a la que, sobre todo, recriminó que no haya sido capaz de «tender puentes» ni hacer la mínima autocrítica.
Porque el discurso de Rosa Díez, recalcó Merino, sí lo firma «punto por punto», un discurso en el que estuvo muy presente la cuestión de los nacionalismos y la «desigualdad» que éstos provocan a los ciudadanos, y en el que abogó por defender la «nación española» como instrumento «necesario» para garantizar esa igualdad.
La reelegida líder de UPyD criticó duramente al Gobierno por someterse al dictado de los partidos nacionalistas, pero también por ponerse de acuerdo con el PP para no cambiar la Ley Electoral, otro de los ejes del activismo político de su partido.
Una ley «injusta», apuntó, hecha para mantener el bipartidismo y que prima «los territorios sobre los ciudadanos».