MADRID | EFE
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, fue el primero en exteriorizar su desahogo al anunciar el final feliz y en dar las gracias por la discreción.
«Los marineros están libres y volverán a casa», dijo sonriente Zapatero al comunicar la puesta en libertad del ´Alakrana´ en una rueda de prensa en el Palacio de la Moncloa junto a su invitado, el presidente de Hungría, László Sólyom, atónito por la expectación del anuncio.
Confirmada la noticia, la alegría se desató en los familiares tanto en el País Vasco como en Galicia, rompiendo el silencio al que se acogieron una vez que el Gobierno les dio garantías de que todo se iba a arreglar.
Este cambio de postura fue el punto de inflexión a partir del cual se allanó el camino, propiciado por las quejas que vertieron después de que los marineros suplicaran que se hiciera todo el ruido posible al no tener visos de esperanza en la liberación.
Fue en Polonia donde Zapatero aseguró el pasado día 9 que la situación podía estar «encauzada», aplacando la inquietud que se había generado después de que los piratas desembarcaran a tres marineros para presionar en la negociación.
Superado aquel momento, el de mayor tensión, el fin del vía crucis se vio más cerca, a tenor de las esperanzas que iba dando tanto el Gobierno como el patrón del ´Alakrana´, Ricardo Blach.
Encañonado cada vez que sonaba el móvil, Blach se convirtió en el teleoperador al que familiares y medios llamaban para conocer cómo marchaban las cosas en el barco.
Para celebrar la liberación, el que pretende soltarse la lengua ahora es el PP para criticar la gestión del Ejecutivo desde que comenzó el secuestro.