BRUSELAS | EFE
«La cumbre de la próxima semana es una oportunidad para tomar una decisión. Una oportunidad para que la UE cumpla las expectativas de Grecia. Es una oportunidad que no deberíamos desaprovechar», dijo Papandréu a los medios de comunicación, tras comparecer en la comisión especial del Parlamento Europeo sobre la crisis.
«Cuando tengamos ese instrumento en marcha, será suficiente para tranquilizar a los mercados, decirles que se ha terminado la especulación. Podría ser que nunca necesitáramos emplearlo», añadió el líder griego, en un claro mensaje a sus colegas que asistirán a la cumbre de los próximos 25 y 26 de marzo. Papandréu ha entrevistado con los principales dirigentes europeos en las últimas semanas, entre ellos Gordon Brown, José Luis Rodríguez Zapatero, Angela Merkel, Nicolas Sarkozy y Jean-Claude Juncker.
El último encuentro tuvo lugar el miércoles en Bruselas con el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, quien reiteró que el Ejecutivo comunitario y los países de la zona euro están «preparados» para ayudar a Grecia, en caso de que fuera necesario. Pero, sin embargo, los socios de la moneda única no acaban de mandar una señal clara sobre cómo ayudarían a Grecia. El lunes pasado, el Eurogrupo trabajó en la clarificación de un eventual instrumento de ayuda financiera a Grecia, pero descartó emplearlo para abaratar los costes de financiación griegos y optó por dejar en manos de los jefes de Estado y de Gobierno la decisión final.
La canciller alemana, Angela Merkel, sigue siendo reticente, como demostró el miércoles al expresar su oposición a conceder a Grecia ayudas «de forma precipitada», porque «no se resuelven los problemas de fondo y se corre el peligro de debilitar al euro». Sin embargo, el primer ministro griego recordó ayer que su Gobierno no ha pedido ningún «dinero de los alemanes, los franceses, los italianos u otros trabajadores o contribuyentes», sino «un respaldo político fuerte para implementar las reformas».
Papandréu planteó la cuestión como un «reto» para la «familia» de la unión monetaria y la Unión Europea en su conjunto, que ahora deben mostrar su fortaleza y credibilidad ante el mundo. «No es una petición inviable sino realista», insistió Papandréu, tras destacar la necesidad de lograr préstamos a unos precios razonables para poder emplear los ahorros obtenidos del plan de austeridad en «promover el crecimiento y la prosperidad».