ROMA | EFE
El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, que sigue decidido a seguir gobernando, deberá permanecer una noche más en el hospital San Raffaele de Milán, donde se encuentra ingresado desde que el pasado domingo sufriera una agresión tras un mitin en la capital lombarda.
En un principio se esperaba que Berlusconi abandonara ayer el centro hospitalario, pero los doctores que le atienden, entre ellos su médico personal, Alberto Zangrillo, decidieron dejarle un día más bajo observación puesto que persisten los dolores y todavía se alimenta con dificultad. A pesar de este aplazamiento, el jefe del Gobierno italiano sigue «determinado a continuar con su acción gubernamental y política y sigue concentrado en este objetivo», aseguró Zangrillo al difundir el último parte médico.
Zangrillo manifestó que Berlusconi presenta un edema en el rostro y que los dolores del cuello, a raíz del golpe sufrido, se han agudizado en las últimas horas y comentó que el primer ministro tendrá que abstenerse de asistir a actos públicos durante al menos otros quince días. Berlusconi aceptó de «buen grado» la decisión de aplazar su salida del hospital, según relató su médico, que explico que el mandatario «es consciente de la gravedad del trauma sufrido» y de este modo «se siente más tranquilo».
Su presunto agresor, Massimo Tartaglia, de 42 años, que desde hace diez años está bajo tratamiento psiquiátrico, permanecerá en la cárcel de San Vittore de Milán después de que la jueza Cristina di Censo ratificara ayer su arresto y la prisión cautelar aplicada tras el ataque del domingo. La magistrada denegó la petición de los abogados defensores de Tartaglia de trasladarlo a un hospital psiquiátrico ante sus condiciones mentales, aunque estableció un seguimiento psicológico continuo del detenido.