El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, tuvo poca fortuna en su primera visita a Alemania, y además de que Berlín dio largas a su petición de enviar más soldados a Afganistán, vivió de cerca el terremoto político desencadenado por el Ministerio de Defensa por ocultar información sobre un bombardeo. «Quiero apelar a todos a hacer su aportación para lograr que Afganistán tenga cuanto antes un ejército y unas fuerzas de seguridad propias y podamos traspasar a los afganos la responsabilidad sobre su país», dijo Rasmussen durante una rueda de prensa celebrada en Berlín con la canciller alemana, Angela Merkel. Para ese momento, Rasmussen ya sabía lo que Merkel repetiría nuevamente en público y que tanto ella como otros miembros de su Gobierno ha reiterado en las últimas semanas, y es que Alemania no se comprometerá de momento a nuevas cifras. La canciller precisó que no lo hará hasta que no se haya celebrado la conferencia internacional sobre Afganistán, prevista, según dijo, para el 28 de enero en Londres.