Los principales partidos políticos de Bélgica se comprometieron ayer a que la sustitución del primer ministro, Herman Van Rompuy, recién elegido presidente estable del Consejo Europeo, sea rápida y no degenere en una crisis. Van Rompuy ha logrado calmar con su talante moderado las turbulentas aguas de la política doméstica belga durante los once meses que lleva en el cargo, por lo que su marcha a la UE ha generado algunos temores de que el país pueda volver a caer en las disputas entre flamencos y valones (francófonos). Sin embargo, los líderes de los principales partidos coincidieron hoy en que hace falta pactar una sucesión con rapidez y en que con los cambios que sean estrictamente necesarios en el Gobierno, a fin de evitar una crisis política en medio de la difícil situación económica. De esta forma, parece asegurado el retorno de Yves Leterme, antecesor en el puesto y correligionario de Van Rompuy (ambos son flamencos democristianos), después de que la oposición que le habían manifestado muchos partidos en las últimas semanas ha bajado ostensiblemente.