LA HABANA | ANTONIO MARTÍNEZ EFE
El gobierno que preside el general Raúl Castro está reduciendo con cuentagotas los productos de la libreta de racionamiento, uno de los símbolos de los años más difíciles del medio siglo que estuvo en el poder su hermano mayor y antecesor, Fidel, en medio de una grave recesión en Cuba.
En los últimos meses disminuyeron las raciones de alimentos que se entregan con precios subsidiados a los once millones de cubanos que quedan en la isla con la llamada oficialmente libreta de abastecimiento, a la que le auguran poco futuro incluso los medios informativos del país, todos oficiales.
Desde este mes las patatas y los guisantes o chícharos han sido excluidos, sin aviso público ni explicaciones, como es habitual en el único país de América gobernado por un Partido Comunista, del que Fidel Castro sigue siendo primer secretario.
Ahora se pueden comprar esos víveres en el mercado libre, sin límite de cantidad, al doble del precio subsidiado, aunque todavía a tarifas que no son comparables con muchos países (la patata, a solo unos 10 centavos de dólar por kilo).
Antes habían sido mermadas las cuotas de otros alimentos y de la sal, también sin previo aviso.
Los cubanos se han enterado de todo al llegar a la respectiva bodega estatal con su libreta o, a veces, por medio de los Comités de Defensa de la Revolución de sus respectivos barrios, considerados los ojos y oídos del sistema.
Recientemente se eliminaron también los llamados comedores obreros de cuatro ministerios.