NUEVA YORK | EFE
España está manteniendo contactos informales con las autoridades de facto hondureñas y con personalidades de la vida política y social del país para garantizar que no se viole la integridad de la misión diplomática brasileña, apuntó Moratinos, quien habló telefónicamente con Zelaya. Tanto Brasil como España están preocupados con la posibilidad de que la situación «se desborde» y corran riesgo tanto Zelaya como el personal que permanece dentro de la Embajada, que se encuentran prácticamente sin alimentos y sin agua, según el jefe de la diplomacia española.
Moratinos recalcó que la UE también se une al llamamiento a las autoridades de facto hondureñas para que se respete la misión diplomática brasileña y subrayó la necesidad de que se mantenga la unidad de la comunidad internacional para alcanzar una salida pacífica a la situación, evitando soluciones violentas. Explicó que el Gobierno español está hablando con todas las partes implicadas en la crisis y garantizó su respaldo a las gestiones de la Organización de Estados Americanos (OEA) y del presidente costarricense, Oscar Arias, designado mediador en esta crisis.
Moratinos, quien se reunió en la sede de Naciones Unidas con la canciller del Gobierno de Zelaya, Patricia Rodas, consideró que la actual situación, desde el punto de vista político, abre la posibilidad de que comience un diálogo para conseguir aplicar los acuerdos de San José o propuesta de Arias, para restablecer el marco legal y constitucional y celebrar elecciones. Pero, añadió, «no se puede negar la incertidumbre de la frágil y volátil situación» que se vive en estos momentos en Honduras.
España está a la espera de los pasos que de el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, que tuvo que aplazar ayer su viaje a Honduras por el cierre de los aeropuertos decretado por el gobierno hondureño de facto. Insulza podría decidir convocar una reunión de los países más implicados en la crisis, y España ya ha mostrado su interés en participar para trabajar en favor de «una solución pacífica que permita restaurar el orden constitucional». Desde Tegucigalpa, Zelaya aseguró ayer que «nadie» le volverá a sacar de su país, al que ha regresado 68 días después del golpe de Estado del 28 de junio, en que militares le sacaron del país y el Parlamento designó a Micheletti como presidente.
El presidente interino pidió ayer a los ciudadanos «no bajar la guardia» y lamentó que algunos «países hermanos» hayan querido «humillar» a los hondureños al pretender inmiscuirse en los asuntos internos de este país.
Micheletti descartó que con el retorno a Tegucigalpa del mandatario depuesto, Manuel Zelaya, comience una nueva etapa política, tal y como lo han afirmado «los insurgentes», pero aseguró que esas versiones provienen de «hombres que traen doctrinas de otros países», sin mencionar a ningún gobierno. No obstante, hizo referencia al presidente venezolano, Hugo Chávez, al enviar un saludo a sus simpatizantes.