KABUL | EFE
Millones de afganos ejercieron ayer su derecho al voto para elegir a su nuevo presidente, en una jornada que dejó medio centenar de muertos víctimas de la violencia talibán, que tuvo una intensidad menor de la esperada por las autoridades.
Los colegios cerraron una hora más tarde de la fijada –las 16 del horario local (11 GMT)– para que más personas pudieran ejercer su derecho al voto y la Comisión Electoral se felicitó por el hecho de que 6.199 colegios (el 95 por ciento del total) pudieran abrir sus puertas.
«Las elecciones han transcurrido de forma pacífica -dijo en rueda de prensa el presidente, Hamid Karzai. Doy la enhorabuena a nuestro pueblo por su valentía y por su deseo de que nuestro país tenga éxito».
Según los máximos dirigentes de seguridad, durante la jornada electoral se produjeron 130 ataques, muchos con proyectiles y cuatro de ellos suicidas, que causaron la muerte de 17 miembros de las fuerzas de seguridad y de 9 civiles, así como heridas a otras 52 personas.
Además, 21 talibanes murieron y otra veintena fueron heridos, según la Policía, en un tiroteo contra las fuerzas de seguridad en la región norteña de Baghlan, donde la Comisión Electoral decidió ampliar el horario de votación una hora más, hasta las seis, tras lo sucedido.
También falleció un soldado estadounidense de la ISAF en un ataque de mortero en el este del país.
Pero pese a los esporádicos actos de violencia por casi todo el país, la misión de la ONU (UNAMA) mantuvo que los intentos de los talibanes por desestabilizar el proceso e intimidar a los electores fueron «menores de los esperados».
«Somos optimistas con cautela, porque sabemos que millones de personas han desafiado al peligro. Creemos que las predicciones de una masiva situación de inseguridad han fallado», dijo el portavoz de la Unama, Aleem Siddique.
Las autoridades habían declarado festivo el día para facilitar el voto de los ciudadanos y las calles –al menos, en la capital– amanecieron sin peatones ni el habitual tráfico y con la inmensa mayoría de las tiendas cerradas.
Los controles de seguridad eran más intensos de lo habitual y la Policía se empleó en dar el alto a los escasos vehículos en circulación para registrarlos minuciosamente con perros adiestrados en explosivos.