Sonia Sotomayor trepó ayer a la cima del poder judicial de EEUU al ser confirmada por el Senado como la primera juez hispana del Tribunal Supremo, con lo que corona una carrera de obstáculos que empezó en el barrio neoyorquino del Bronx. Sotomayor es, además de la primera persona hispana, la tercera mujer en ocupar uno de los nueve puestos vitalicios de la máxima instancia judicial del país. La magistrada describió la distinción como el «mayor honor» de su vida cuando fue propuesta para el puesto en mayo pasado por el presidente de EEUU, Barack Obama. La modestia es, según los que la conocen, uno de los rasgos distintivos de esta magistrada, que pese a su brillante trayectoria profesional nunca ha perdido de vista sus orígenes. Así lo recordó el propio Obama en mayo, quien tras referirse a los logros académicos y profesionales de la juez de 55 años, insistió en que Sotomayor «nunca se olvidó de dónde empezó y nunca perdió el contacto con la comunidad que la respaldó».