Vivir una nueva relación de pareja puede ser una oportunidad de crecimiento personal y de satisfacción sexual. Pero cuesta empezar. Sabemos más, pero tenemos más miedos, las relaciones anteriores pesan, y el sexo puede resentirse ante el temor al fracaso. Es importante por eso ser consciente de lo que realmente se busca Marina Castro, terapeuta sexual y directora del Taller del Orgasmo, un seminario que se imparte desde hace cinco años en el Instituto de Estudios de la Sexualidad y la Pareja de Barcelona, explica cuáles son las leyendas más extendidas sobre este placer. Asumir que el orgasmo es una experiencia individual, que existe en muy diversas formas e intensidades y que una misma mujer puede vivirlo de forma distinta dependiendo de la ocasión, deseo, postura, pareja o edad, es crucial para disfrutarlo, se presente como se presente. Sin más. Dejarlo limpio de dudas es despojarlo de sus mitos. Y eso ayuda.
“Creí que no volvería a hacerlo más”, le decía entre lágrimas Diane Keaton a Jack Nicholson tras el primer encuentro sexual de la pareja en Cuando menos te lo esperas. Y a menudo, esta es la sensación que invade a las personas que han pasado por una separación de pareja: creen que quizá nunca más vuelvan a conocer sexualmente a otras personas. Sin embargo, haya sido la experiencia anterior buena o mala, todos quieren repetir, encontrar a una persona que haga renacer en ellos la pasión. Aunque, a veces, esta opción también puede dar miedo.
Otra primera vez
Los chinos escriben la palabra crisis con un grafismo que significa también oportunidad. Y es cierto, porque las personas, tras una separación, tienen la oportunidad de crecer en muchos aspectos, incluido el sexual. La sexualidad es un aprendizaje que no acaba nunca, y, por ello, vivir de nuevo experiencias con cuerpos diferentes para encontrar placer puede convertirse en una aventura personal enriquecedora. La sexualidad no es algo estándar, se adapta a cada uno y sus circunstancias, no se acaba en la pareja, sino en uno mismo. Y cada vez que tenemos una relación sexual por primera vez con una persona distinta a la que estábamos acostumbrados es como si se reviviese esa primera vez.
El otro nos resulta un desconocido sexualmente: sus gustos, sus deseos, su cuerpo, lo que prefiere, lo que le disgusta... Todo es nuevo. También para él: nuestro cuerpo y nuestros deseos son un misterio por resolver. Explorar, conocer, experimentar, atrevernos a plantear situaciones o prácticas que nos atraen o que antes no hubiésemos solicitado por temor o vergüenza puede ser una experiencia muy positiva. Una nueva pareja nos da la oportunidad de seguir aprendiendo sexualmente.
Sentirse libres y darse tiempo
Sin embargo, muchas personas se plantean en estas circunstancias cuál debería ser su actitud ante el sexo, y puede manifestarse una cierta inseguridad o temor. Para empezar, hay que encarar el sexo desde una óptica positiva, es decir, como un derecho personal que tenemos hacia el placer y nosotros mismos y con libertad personal. De hecho, a estas alturas uno ya sabe de qué va, cómo se hace, qué se siente, y lo que no sabe tiene la oportunidad de descubrirlo.
Y también hay dudas sobre si le agradará nuestro cuerpo, que evidentemente no es el de los 20 años. Aunque se suele afirmar que este es un miedo que afecta más a los hombres que a las mujeres, lo cierto es que éstas también tienen un modelo de referencia y mucho temor ante la posibilidad de “verse mayores, gordas, poco sexys, etcétera”. Lasmujeres son muy críticas con su cuerpo, especialmente a partir de los 40 años. La idea de que el cuerpo no se ajusta ya a los cánones de belleza occidentales (léase joven y delgada) inhibe mucho.
Los hombres, por su parte, quieren dar la talla, quieren hacerlo tan bien que muchos pueden tener dificultades eréctiles, cosa que puede complicar una primera relación sexual. Ante los miedos hay que pensar que cada pareja es diferente y cada instante de la vida es irrepetible. Si no se prueba, nunca se sabrá si funciona. Además, seguro que le gusta lo que ve; si no, no habría seguido adelante.
Desde el punto de vista sexual, hay que resaltar que una mujer a los 40 años está en su punto sexual álgido y vive la sexualidad de forma más plena. Muchas personas a esta edad descubren la masturbación, nuevas formas de sexualidad, nuevas inquietudes sexuales, y es el momento de darles cauce. Los hombres no se quedan atrás, también tienen un punto óptimo a partir de los 40. Como la respuesta sexual es más lenta, se pueden dedicar a trabajar más la estimulación erótica y disfrutar de la excitación, más que de la sexualidad inmediata. Ya no hace falta correr, sino recrearse.
Sin comparaciones
Una de las formas de evitar la angustia ante una nueva pareja es no hacer comparaciones, tanto en lo personal como en lo sexual. No hay que vivir del pasado, estar recordando o comparando es una mala idea, porque no es una buena medida. Y tampoco hay que tener miedo a la gimnasia sexual: cuando llega una cierta edad, la mayoría de los humanos dejan de ser atletas y se comportan más como corredores de fondo que no pretenden superar marcas y que, en cambio, conocen la técnica y el propio rendimiento.
Además, no hay que culparse por sentir temor. Los miedos son lógicos, ya que en todas las separaciones late siempre una idea de fracaso personal, y por tanto nos enfrentamos a una segunda pareja con miedo a volver a fracasar. Esto tiene ventajas e inconvenientes. Por una parte, anima a cuidar mucho más a la nueva pareja para no cometer los mismos errores. Pero también se es más exigentes, ya no te conformas.