El fracaso de Eivissa pel Canvi13/12/2009
Artículo de OPINIÓN DIARIO DE IBIZA | JOAN SERRA La organización progresista, sacudida por las crisis interna, se plantea si debe continuar o disolverse La crisis que abrió Francesc Antich en el Govern balear –con tan buena intención como decepcionante desenlace– eclipsó la pasada semana la que atraviesa Eivissa pel Canvi (ExC), la fuerza política de izquierdas surgida del activismo ´antiautopista´ que gobierna junto al PSOE el Consell y dos ayuntamientos de Eivissa. Su crisis de identidad y de convivencia viene de lejos, pero quedó oficializada el pasado 29 de noviembre en la asamblea que decidió abrir un periodo de tres meses de reflexión para decidir sobre su continuidad o disolución al término de la legislatura. ExC tiene una naturaleza política y unas características orgánicas singulares. Se autodefine como una «iniciativa ciudadana» impulsada por independientes progresistas y apoyada por IU, ERC y ENE, pero en esa amalgama la verdadera fuerza de cohesión nunca fue su propio proyecto político, sino acabar con el del adversario, es decir, derrotar y desbancar al PP de las instituciones. Un objetivo que logró en 2007 en coalición con el PSOE y con la inestimable ayuda de los excesos que jalonaron la gestión del Partido Popular durante la pasada legislatura. ExC arrastraba ya problemas internos desde antes de las elecciones, como en el caso de Santa Eulària, y otros surgieron cuando asumió parcelas de poder. A la hora de tomar decisiones en asuntos complejos o polémicos, afloraron las múltiples sensibilidades que coexisten en una organización tan heterogénea. Pronto aparecieron los conflictos de lealtades y se abrió una brecha entre los militantes que ocupaban cargos de responsabilidad (y comenzaban a descubrir que dar trigo es considerablemente más difícil que predicar) y los que pretendían teledirigirles desde fuera de las instituciones; entre quienes entendían que gobernar en coalición es una responsabilidad compartida y quienes seguían actuando como si estuvieran en la oposición porque no conciben otro discurso ni se sienten vinculados por ningún compromiso. También arraigaron los conflictos entre cargos públicos de IU y ERC, que han desembocado en un llamamiento del principal líder de Esquerra, Bernat Joan i Marí, a la creación de una nuevo partido insularista ibicenco, de corte centrista, capaz de ocupar un espacio electoral entre PP y PSOE, y que obviamente no estaría en ExC. Para ir ganando tiempo o para evitar sorpresas, dos semanas antes de la asamblea de ExC ese partido ya había sido registrado en el Ministerio del Interior. Con todos estos antecedentes, parece evidente que el modelo de ExC ha fracasado por su propia incapacidad para digerir las tensiones internas y sus dificultades para fijar posiciones comunes o para asimilar los múltiples condicionantes de la gestión de gobierno. ExC irrumpió como una bocanada de aire fresco en el panorama político de Eivissa por su carácter progresista e integrador y su vocación regeneradora, pero en realidad fue sólo un espejismo. Cuando se apagó el entusiasmo por el éxito de la movilización ciudadana contra las autovías y pasó la resaca del éxito electoral, comenzaron a encadenarse los problemas que nadie resolvía. Con un funcionamiento asambleario y una estructura sin jerarquías, sus procesos de debate y toma de decisiones se eternizan y suelen acabar en callejones sin salida. Así acabó por anidar en Eivissa pel Canvi el germen de la disgregación, que desde entonces no ha dejado de hacer estragos.
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