IBIZA | IRACHE RODRÍGUEZ
—¿Qué le queda por hacer a Antonio Orozco?
—Un universo de cosas, un sinfín de viajes, un montón de errores y toda una montaña de besos.
—¿Cómo ha sido el viaje hasta ´Renovatio´? ¿Cómo ha sido lo vivido hasta aquí?
—Yo me siento tan feliz de cómo se ha ido desarrollando todo… Obviamente hablo en el sentido más profesional. En mi carrera han ocurrido cosas importantes. La mejor de todas ellas ha sido ser capaz de defender con uñas y dientes la mayor de mis libertades: Poder elegir. La máxima en mis principios era poder elegir y, hoy por hoy, puedo escoger hacer un disco o no hacer ni uno más, creo que solo hay dos cosas que podré dejarle a mi hijo: Una buena educación y un buen ejemplo.
—¿Cuál es el peor momento profesional que recuerda?
—Pues era 2006 ó 2007. Llevaba seis meses trabajando solo en Estados Unidos. Se puede trabajar en ese país con tu banda. No es comparable a estar trabajando allí tú y tu guitarra, es algo completamente diferente. El objetivo era el Teatro Nacional de Bellas Artes de San Juan de Puerto Rico. Trabajé muchísimo, pero muchísimo, para poder ver ese auditorio lleno y en la segunda canción, creo que era ´La distancia es el olvido´. ¡Manda cojones! Di un salto en el escenario, me partí el tobillo y se me vino el mundo encima. Pensé que no iba a poder continuar y ése ha sido el peor momento, hasta hoy, como profesional. Todo se tambaleó en apenas unos segundos. Aun así nos vinimos arriba y estuvimos más de dos horas con el pie roto dando un concierto que se convirtió en algo inolvidable para mí y espero que también para los que estaban allí. Así que no hay mal que por bien no venga.
—¿El momento más gratificante?
—El reconocimiento de grandes artistas y profesionales de la industria a los que jamás he pedido absolutamente nada y que, hoy por hoy, son mi talón de aquiles. El mismísimo Alejandro Sanz y el doctor colombiano Juanes, son ejemplos latentes y muy importantes para mí.
—¿Ha perdido algún tren?
—[Risas] ¿Qué te crees? Es imposible no perder un tren. Perdón, es imposible no coger un tren si no has perdido otros antes. Lo que no sé es si estoy subido al tren que estaba esperando. El tiempo lo dirá.
—¿Qué es lo que nunca haría, musicalmente hablando?
—Yo creo que nunca utilizaría mi medio para especular con las sensaciones o los sentimientos de nadie. Creo que antes de prestar mi voz al proyecto de un tercero en el que no creo y no confío sería capaz de hipotecarla.
—¿Quién ha sido la persona que más le ha marcado en su carrera profesional? ¿Su ángel de la guarda?
—Mi padre, sin duda. Siempre ha estado presente durante mi carrera. Mi padre dejó perfectamente marcadas las piedras que iban a soportar el resto de los cimientos, me enseñó que las casas nunca se debían empezar a construir por el tejado y que las prisas nunca son buenas consejeras. Así ha sido siempre y así sigue siendo. Aunque no esté conmigo, a mí y a mis hermanos él nos ha marcado en nuestras vidas.
—¿Cómo califica su música?
—Alguien la ha calificado en algún momento como música del alma y también como rock del sur o música de piel. Yo digo que soy la persona menos adecuada para poner calificativos a lo que hago. Los tienen que poner los que escuchan, porque son los que realmente disfrutan plenamente de lo que nosotros hacemos. Tengo muchísimos prejuicios con mis canciones y soy una persona a la que le cuesta elegir. Además, siempre suelo equivocarme en ese tipo de decisiones.
—¿Quién es Antonio Orozco?
—Ahora mismo soy padre de un niño de tres años y medio. Eso es lo que sé que soy. A pesar de que es infinitamente más guapo que yo, algo bastante sencillo, le veo como un trocito de mí. En el compartamiento, en los gestos… Sé que soy el padre de un niño de tres años y medio y espero no ser mucho más que eso porque ser padre ya es bastante complicado. Todos los días, cuando me levanto, lo que pretendo es ser el mejor padre del mundo. Y lo intento todos los días. Cuando llega la noche me doy cuenta de que todavía me quedan muchas más cosas que hacer y que aprender. ¿En diez años de niñez que le quedan a mi hijo me dará tiempo a convertirme en el mejor padre del mundo?
—¿Hacia dónde va?
—Creo que estoy caminando directamente hacia la dignidad. Trato todo los días de proteger lo poquito que tengo. Querría ser un músico digno, y cuando digo digno, me refiero a digno para todos los oídos.
—¿Qué significado tiene Ibiza para usted?
—La verdad es que Ibiza, hasta hace poco, ha sido una terrible desconocida. Soy de L´Hospitalet y para nosotros, al menos en mi familia, la isla era un destino muy lejano, demasiado sofisticado, creo que nunca nadie de mi familia, y hablo de mi infancia, se lo planteó. Ahora siento que Ibiza es un desagüe de talento, aquí hay infinidad de personas que llegan de cualquier parte del mundo y donde se dejan ir no solamente a nivel espiritual sino a nivel artístico y personal. Se dejan ir por completo y Ibiza se lo queda todo. Nadie sabrá dónde llega ese desagüe. Yo creo que está aquí debajo. ¿No dicen que Ibiza está hueca? Pues yo creo que está llena de talento; no hay día que no te levantes y no te sorprenda. Y no hay noches que no te acuestes, si es que te acuestas, que no te sorprendas.
—¿Cuál es su rincón preferido de la isla?
—La casa de mi amiga Yolanda porque está llena de niños, de vida y energía. La isla está llena de rincones increíbles que hay que descubrir. Yo la voy descubriendo, pero paso a paso y como puedo. O como me dejan.
—Su futuro próximo es…
—El más cercano está al otro lado del océano Atlántico. El 18 de octubre me voy de nuevo de viaje por Estados Unidos y América Latina. Es el tercer viaje que emprendo a las Américas. Y esta vez con buenos resortes.
—¿Tiene algún sueño por cumplir?
—Tengo un millón de sueños por cumplir.
—Dígame uno.
—Hay tantas cosas… Una conversación con Antonio Gala y Enrique Morente sentados en una mesa en Granada a las nueve de la noche, con la fresquita, en agosto, un poquito de jamón y una botella de manzanilla [ríe].