«En este pueblo no solo existe el ´West End´», afirma el patrón de la embarcación
SANT ANTONI | LAURA RIERA
El capitán del barco, Pep Ribas, espera pacientemente en uno de los pantalanes del puerto de Sant Antoni que se ultimen los detalles de la embarcación que patronea. Son las siete y media de la tarde del martes. A los pocos minutos, un multitudinario grupo de turistas extranjeros que procede de distintos puntos de la isla (Santa Eulària, es Canar, Sant Joan, Portinatx y Sant Antoni) invade la zona. Este punto de encuentro no es casual. Todos estos veraneantes acuden a la misma cita: contemplar la puesta de sol en medio del mar.
Cuando el barco ya está listo para recibir a las más de cien personas que navegarán durante casi dos horas sobre las aguas de Sant Antoni, uno de los trabajadores, que a bordo se convertirá en el animador del trayecto, se sitúa frente a la pasarela de la embarcación para recoger los tickets de los turistas. Predominan familias con hijos y parejas jóvenes. No queda ningún asiento vacío en la cubierta superior. Los pasajeros esperan sentados pacientemente a que el patrón del barco comience el recorrido.
El mar está en calma y el cielo despejado, condiciones indispensables para disfrutar de una experiencia que muchos no olvidarán. Sin embargo, todavía faltan pasajeros que esperan en el embarcadero público de la playa de s´Estanyol. Mientras van subiendo los últimos, las británicas Steph y Beth están en la popa fumándose un cigarrillo. «Es el primer verano que venimos de vacaciones a Ibiza, isla que elegimos por sus discotecas», cuenta una de ellas.
Comienza el recorrido
Después de esta breve parada, el barco prosigue con su recorrido. Caló des Moro es la primera playa frente a la que se detiene el barco para que los turistas tomen fotografías de uno de los islotes más grandes de la isla: Sa Conillera. Antes de pasar por Cala Gració y Cala Gracioneta, se vislumbra el acuario de es Cap Blanc, conocido como la Cova de ses Llagostes.
Durante la excursión, un animador entretiene a los pasajeros contando anécdotas y cantando como si fuera Enrique Iglesias, imitación que provoca las carcajadas de la mayoría. Mientras unos realizan el trayecto sin moverse de sus asientos, los más inquietos pasean de proa a popa y de babor a estribor por la embarcación.
Christine Elisabeth es una pasajera especial. Aunque ella también está disfrutando del paisaje de la costa de Sant Antoni, se encuentra a bordo de la embarcación por trabajo. Es una de las guías del grupo. «Es una actividad muy atractiva para los turistas. Se suele apuntar gente que se aloja en hoteles de distintas zonas de la isla, no sólo de Sant Antoni», explica.
Tanto familias con niños y sin ellos, grupos de amigos y amigas, como parejas que quieren pasar una tarde distinta, son los clientes que no desperdician la oportunidad de contemplar el ocaso sobre la cubierta de un barco en medio del mar.
«Un turista me dijo un día que la puesta de sol de Sant Antoni es la segunda más bonita del mundo, después de la de Tailandia», cuenta. Con opiniones como ésta, a la guía no le sorprende que haya algunos clientes que repitan.
«¡Incluso hay quienes vuelven a la excursión en la misma semana!», afirma.
Para la mayoría, este paseo por el mar es algo inusual. Admirar los últimos rayos de sol del día permite desconectar de la rutina diaria, creando un entorno mágico, que desata el lado más romántico de algunos. «En varias ocasiones, he visto como un chico se arrodillaba frente a su pareja para proponerle matrimonio mientras el sol se escondía», explica.
Éste no es el propósito de Charlie, un turista británico que ha querido traer a su pareja, Josie, a la excursión con el único objetivo de contemplar juntos la costa de Sant Antoni. «Yo, como ya he venido varias veces a Ibiza de vacaciones, le propuse esta actividad a Josie, ya que es la primera vez que está aquí», cuenta Charlie, que ya disfrutó de un paseo en barco el verano pasado. «Estamos aquí porque queríamos escaparnos del bullicio de la isla y gozar de un poco de tranquilidad. Ver la puesta de sol desde aquí es increíble, no se puede describir con palabras», expresa este turista británico.
Falta poco para que el sol se esconda y el barco ya ha costeado las playas de Cala Salada y Cala Saladeta. La siguiente parada es frente al cap de sa Foradada, cuya peculiaridad es un agujero que tiene la misma forma que la silueta del símbolo de Batman.
Otro de los hechos geológicos que más impresiona a los extranjeros es la cueva de Cap Negret o des Coloms, lugar en el que muchos turistas abandonan sus asientos para hacer fotografías con su cámara.
La embarcación costea la playa de Punta Galera y navega cerca del Cap Nonó, también muy fotografiado por los turistas. Este es el último punto del trayecto. Faltan escasos minutos para que llegue el momento más esperado. «A veces vamos hasta la isla de ses Margalides, pero hoy no nos da tiempo», señala el patrón.
Antes de que el sol comience su descenso, Christine y el resto de guías turísticos de esta excursión sorprenden a los pasajeros repartiendo vasos de plástico, en los que sirven cava para que los turistas brinden antes de que la estrella luminosa desaparezca.
Todos a estribor
Con el barco parado frente a Punta Galera, la tripulación avisa a los pasajeros en el momento exacto en el que el sol comienza su descenso para que nadie se pierda este acontecimiento. Acto seguido, los turistas se agolpan a estribor de la embarcación para admirar cómo el sol va descendiendo paulatinamente por el horizonte hasta desaparecer, momento en el que se desatan los aplausos y los gritos de los turistas a bordo, como forma de despedida.
«Esta excursión es una de las que más gusta a los turistas. Nosotros no valoramos este paisaje porque lo tenemos cada día, pero ellos no», asegura Pep Ribas, el patrón del barco. «Este tipo de actividades demuestra que en Sant Antoni no sólo existe la zona del West End ni ingleses borrachos por las calles, sino mira la gente que se baja del barco, ¡todos ellos son británicos!», exclama Ribas.