SANT JOSEP | MARTA TORRES
El árbol de la vida se refleja en una pequeña charca de aguas oscuras. Crece en unas dunas de arena que ahora están en la penumbra del anochecer del desierto, sobre el que pasean unas nubes despistadas. En el cielo, un par de tímidas estrellas empiezan a brillar mientras un escarabajo aprovecha la incipiente noche para salir de su escondrijo.
No es la foto de un viaje ni la romántica escena de una película en cinemascope. Se trata del mural que acaba de terminar Frederic Alexandre Torres Dappen, que en septiembre comenzará a estudiar Bellas Artes en Barcelona, y que mira su primer encargo con una mezcla de cariño y ojo crítico. Son 24 metros cuadrados de arte que ha tardado casi un mes en pintar y para los que ha empleado unos diez kilos de pintura acrílica en colores blanco, azul, arena y verde.
Frederic estudió Bachillerato Artístico y después cursó los dos años de un módulo de grado superior de Amueblamiento y diseño de interiores. Sentado en el borde de la piscina y con su mural al fondo, asegura que jamás pensó en dedicarse a otra cosa que no fuera la pintura. «Siempre he dibujado. De pequeño ya iba siempre con el bloc, así que supongo que lo de estudiar Bellas Artes era una decisión que tomé hace muchos años», explica. «No me imagino en otro sitio», señala. Lo mismo asegura que les ocurre a sus padres. «Ya están acostumbrados, no creo que tampoco sean capaces de imaginarme en otro lugar», añade. Lo que Frederic todavía no tiene claro es exactamente a qué quiere dedicar su vida. «Me gustaría vivir del arte. Pinto y también le doy a la música [es uno de los miembros de la banda Truth], pero hay muchas cosas con las que no he experimentado todavía», comenta. De hecho, esta ha sido la primera vez que ha utilizado la pintura acrílica. «Me ha gustado mucho», confiesa sobre este material del que ya ha comenzado a descubrir algunos secretos. «Si lo mezclas con un poco de agua el pincel va mucho más suave sobre la pared», indica.
El escarabajo y la lagartija
Este primer encargo le llegó mientras todavía estaba en la Escola d´Art. Primero hizo un boceto a lápiz que enseñó al propietario de la vivienda de Platja d´en Bossa en la que se encuentra el mural. Los dos pactaron la escena. «Pensamos en el árbol de la vida, busqué imágenes en internet y luego hice el boceto», matiza mientras señala el último detalle que queda para terminar el mural: una lagartija dibujada a lápiz que trepa por una de las rocas que unen la pared con el borde de la piscina. «Queríamos incluir un símbolo de Ibiza», justifica. En la otra esquina, otro animal, un escarabajo, se deja ver subiendo por los restos de una antigua columna romana.
En el último mes, Frederic ha estado trabajando en el mural una media de seis horas diarias. «La última semana, un poco más, me quedaba hasta que ya no había luz para trabajar», comenta. El calor ha sido uno de sus compañeros de trabajo. «Por la mañana y a última hora de la tarde se estaba bien, pero el rato en que caía el sol de lleno tenía que poner una sombrilla», destaca. Eso sí, para mitigar el calor, confiesa que se ha dado más de un baño en la piscina.
Algunos de los detalles del mural han ido surgiendo durante las semanas de trabajo. Las ruinas romanas, por ejemplo, se incluyeron «para integrar los faros de la pared» que iluminan el patio de la casa, y las huellas del camello se pintaron sobre las dunas «con el objetivo de darle profundidad» al dibujo. Las cinco estrellas que puntean el cielo también surgieron con la pintura prácticamente acabada «para que dieran la sensación de ese momento en el que el día y la noche se juntan». Precisamente es ese momento en el que Frederic asegura que mejor se ve el mural. El cielo pintado se confunde con el de verdad.