Platja d´en Bossa ofrece una gran cantidad de actividades para vivir nuevas experiencias
SANT JOSEP | EVA DÍAZ
Un día en Platja d´en Bossa se puede convertir en algo más que tomar el sol, darse un chapuzón en el mar, hacer castillos de arena o jugar una partida de palas. La segunda playa más extensa (después de la de es Codolar) y la más turística de la isla ofrece una amplia oferta de actividades para aquellos que buscan vivir emociones fuertes y nuevas experiencias. Sumergirse en las profundidades del mar, descargar adrenalina a bordo de una moto náutica, surcar las olas con una tabla de windsurf o navegar a vela son algunos de los deportes acuáticos que se pueden practicar a lo largo de los 2,7 quilómetros de extensión.
Matthias, un turista alemán, y sus dos hijos, Tabea y Adrian, quieren aprovechar al máximo sus vacaciones en la isla. Por eso, han decidido alquilar un kayak y pasar la tarde remando. «Venimos todos los veranos a Ibiza y nos gusta hacer cosas diferentes», explica Matthias, mientras empuja la embarcación hasta la orilla del mar. «Para los niños es muy divertido y se lo pasan genial», añade.
Precisamente, las familias con niños pequeños son las que más demandan este tipo de servicios, según explica Jaume Torres, propietario de una empresa de alquiler de kayaks y director de una escuela que imparte clases de buceo, windsurf, catamarán y vela. «Platja d´en Bossa no es sólo chiringuitos y jóvenes borrachos, aunque siempre se enseñe esta parte de la playa. Nuestro perfil de cliente es el turista familiar y la gente joven que busca divertirse y pasa de ir sólo de marcha», explica Jaume, que lleva más de treinta años trabajando en Platja d´en Bossa.
Los alumnos del curso de catamarán acaban de llegar a la playa, después de dos horas navegando por el mar arrastrados por la fuerza del viento. Con gran destreza, los alumnos suben las embarcaciones a la playa, pliegan las velas y desatan las cuerdas, ayudados por los monitores. Carmen, una de las alumnas, explica que el año pasado ya realizó un curso de windsurf y que este verano ha decidido «probar con el catamarán». Para ella, el verano es un buen momento para practicar deporte y disfrutar del mar al mismo tiempo.
Los cursos tienen una duración de dos semanas, aunque también se pueden contratar clases sueltas. Los cursos están subvencionados para los residentes, quizás por este motivo hay más isleños que turistas que se apuntan a ellos.
A todo gas en el agua
Alquilar una moto náutica es otra de las actividades que se puede realizar en Platja d´en Bossa. Descargar adrenalina, liberar tensiones y desconectar del mundo real son algunas de las sensaciones que experimentan los que se montan en uno de estos vehículos acuáticos que alcanzan velocidades extremas.
Disfrutar al máximo subido en una moto de agua es muy sencillo, simplemente hay que apretar el acelerador, llevar puesto el chaleco salvavidas y tener cuidado a la hora de hacer giros, ya que una mala maniobra suele ser motivo de caída. La velocidad va en función de la personalidad de cada uno. A mayor seguridad en uno mismo y atrevimiento, mayor velocidad. Durante veinte minutos, los clientes que contratan este servicio tienen la oportunidad de galopar sobre las olas, dar saltos con la moto y quedar completamente empapados de agua en un circuito delimitado por cuatro balizas.
Una experiencia «increíble»
El pequeño Christian no parece temer a la velocidad. El niño holandés conduce una de estas motos acuáticas siguiendo las indicaciones de su padre que, sentado detrás de él, controla la situación. Un gran rastro de agua se forma a su paso. Cuando bajan de la moto, los brazos y las piernas les tiemblan por la fuerza que han tenido que realizar para no caerse al agua. Christian se limita a describir la experiencia como «increíble».
El monitor de la empresa de alquiler de motos acuáticas de Platja d´en Bossa, Valentín, explica que este año no han notado la crisis económica, ya que siguen teniendo el mismo número de clientes.
Otro de los atractivos de Platja d´en Bossa es la ´salchicha´ que se encuentra enfrente de Bora-Bora. Una lancha con un potente motor remolca estos botes a gran velocidad. Cada bote tiene capacidad para unas diez o doce personas y los usarios de la actividad no necesitan ser expertos nadadores, ya que se les suministran chalecos salvavidas. Eso sí, deben estar preparados para darse más de una zambullida, ya que la fuerza con la que se arrastra la goma hará caer a más de uno.
Los que prefieren practicar algún deporte en la playa sin tener que mojarse tienen varias formas de hacerlo. Algunos corredores recorren la orilla del mar esquivando a los bañistas y las toallas estiradas en la arena. Otros optan por jugar un partido de voley en un rincón apartado de la playa. Los jugadores, en bañador, saltan y se tiran a la arena, acalorados por el sol abrasador que cae sobre sus cabezas.
Son las siete de la tarde en Platja d´en Bossa. En la zona de Bora-Bora, jóvenes bailan en la arena al compás de la música electrónica. Algunos beben sentados en la arena, rodeados de bolsas de supermercado, mientras otros se dan un baño con un vaso de cubata en la mano. La larga avenida de bares y chiringuitos es otro de los atractivos para muchos turistas que buscan la fiesta.