SANT ANTONI | ALBERTO FERRER
Si el éxito de un concierto se mide en litros de sudor, los australobritánicos Pendulum reposan en el Olimpo de los héroes. Fue una hora, solamente, y gracias a Dios. Sólo a los menores de veinte deberían dejarles entrar en la terraza del hotel Ibiza Rocks de Sant Antoni, la más pequeña del mundo el martes por la noche, cuando cada palmo disponible de terreno se defendió como si valiera oro.
Si Lars Ulrich se encontrara con el señor Moog, le cazara desprevenido y se tragara su hígado sin cocinar, el resultado sonaría muy parecido a la banda liderada por Rob Swire, que parece del todo incapaz de hacerle nada al señor Robert Moog, aunque no dudó en arrancar con los compases del mítico ´Master of Puppets´, una de sus endemoniadas cargas musicales. En la metáfora de antes sólo faltaría, quizás, una sobredosis de bebida estimulante, por poner algo legal, para definir lo que sucede cuando el grupo de cinco sube a escena.
La banda que rodea a Swire genera un ritmo endiablado, en el que se va del punk al ska y al metal en una carrera frenética, con pocas pausas para beber. El sintetizador, la electrónica más evidente de su arsenal, se funde con suavidad en sus canciones ametralladas, cuajadas de bombo y caja a revoluciones frenéticas por obra y gracia del aguerrido Paul Kodish.
The Verse, aka Ben Mount, no paró de incitar al público, de buscarlo: «Te veooo», le dijo a uno del balcón, que no podía frenar sus pies. «Venga Ibiza!», ordenó en la siguiente pieza. «Por favor», pidió en un decente castellano antes de que la banda provocara el colapso general con los acordes de su tema más redondo, ´Tarantula´, oportunidad para el lucimiento de un soberbio Peredur ap Gwynedd, el guitarrista galés que completa las cuerdas junto con el maestro del bajo, Gareth McGrillen, productor y autor de las canciones junto con Swire.
«Da igual vuestro color, el idioma que habléis o la música que os guste, porque esto es Pendulum», anunció Mc Verse, que no paró de arquear los brazos y deambular de un extremo a otro del escenario durante toda la actuación, chequeando cómo iban las cosas abajo. Lograron algo inaudito: uniformar al público. Es cierto que daba igual si llegaron con camisa, camiseta o sombrero: a los 15 minutos sólo había torsos desnudos y sudando, con alguna prenda colgando de la cintura, agitándose con los brazos en alto, listos para cuando sonaron los acordes de ´The other side´, lo mejor que ha creado Swire y una declaración de intenciones de su particular estilo.
Hasta el año que viene
Pendulum suena a heavy metal sampleado —dicen que en sus conciertos trabajan discretamente 13 computadoras procesando lo que ellos emiten en tiempo real—, aunque la electrónica no chirría en ningún momento. Escucharles es asistir a la evolución natural del género guitarrero por excelencia, aunque su sonido ha madurado para cobijar entre su público a devotos de las rave, sacando al grupo de la escena underground del drum and bass de sus inicios.
La banda ejecutó en Ibiza temas de sus dos trabajos hasta la fecha, ´In Silico´ y ´Hold your colour´, como ya hicieron en septiembre del año pasado en el último concierto del anterior Ibiza Rocks, aunque el martes anunciaron también que el tercer larga duración ya está en camino y se despidieron con uno de sus nuevos temas, cerrando un concierto que fue la perfecta banda sonora para una paliza —dentro del más estricto buen rollo—. Así, cargados de adrenalina hasta las cejas y con el ritmo todavía bombeando en el estómago, dejaron que el público se marchara, prometiendo que volverán.