A las escuelas de verano acuden un total de doce niños con necesidades especiales ya que sufren autismo, hiperactividad o algún tipo de discapacidad física. Los monitores se encargan de acompañarles durante todo el día para ayudarles a realizar las actividades y facilitar su integración en el resto del grupo. Ken es uno de estos monitores. Está a cargo de un niño autista. Ken explica que se crea un «vínculo más cercano» porque tienen que estar todo el día juntos. «Pretendemos conseguir la máxima integración de los niños con necesidades especiales a partir de actividades adaptadas», explica Anna Torres, la directora de la escuela de verano de Sa Graduada.