IBIZA | RAQUEL SÁNCHEZ
El diseñador valenciano Javier Mariscal ultima la producción de una película de animación para adultos, ´Chico y Rita´, en la que colabora con el director Fernando Trueba. Mientras la acaba, espera ansioso sus vacaciones anuales en Formentera, un descanso que, como todos los años, disfrutará en agosto. Mariscal conoce muy bien las dos islas. En Ibiza vivió durante tres años en la década de los 70 y de vez en cuando decide dejar su refugio estival en la pitiusa menor y pasar algún verano aquí.
Asegura que para él el popularísimo anuncio de cerveza que ha puesto aún más de moda Formentera es «un dolor». «Esto va a ponerse imposible, aunque es normal que suceda así. Cualquiera se queda encandilado de la isla, pero es tan frágil que me sabe mal. Viéndolo de manera egoísta, ese anuncio es un dolor», señala. Mariscal considera que las decisiones sobre Formentera debe tomarlas «la gente de la isla». Aun así se atreve a apuntar algunos problemas y algunas soluciones sobre los que ha reflexionado en los muchos años que lleva visitándola. Frente a quienes se oponen a cualquier tipo de progreso afirma: «No tiene sentido que los caminos en Formentera sean una mierda y destrocen los coches. Recuperaría muchos transformándolos en un circuito para bicicletas. También obligaría a que las motos y los coches fueran eléctricos y no dejaría que hubiese más de tres autobuses».
Fragilidad
A este creativo no sólo le parece justo que se deba pagar por entrar en el Parc Natural de ses Salines, sino que apunta que las autoridades deberían cobrar una tasa superior a la actual: «Pero al final sería una isla sólo para los que viven allí o para los que tienen mucha pasta», reflexiona resignado y con cierto desánimo. «Formentera no aguanta la masificación tan bien como Ibiza», alerta antes de criticar los chárters cargados de turistas que llegan desde la otra isla para pasar un día.
Considera que Formentera debe estar siempre ligada al concepto de «desarrollo sostenible» y advierte de que nadie debería olvidar la fragilidad de este territorio. «Hace diez años Formentera, en agosto, se podía aguantar. Ahora es horrible», explica el diseñador que, por motivos laborales, se ve obligado a tomar sus vacaciones precisamente en ese mes aunque asegura que le gustaría poder disfrutar de la isla en mayo o en septiembre.
«El futuro pasa por saber mantener todo el año una cierta ocupación, con un tipo de turismo que entienda la clase de isla que es Formentera y la velocidad que se lleva allí», añade. Precisamente la velocidad, y no en sentido metafórico, es una de las cuestiones que más incomodan a Mariscal durante sus estancias: «Yo soy de los que van a 40 o como mucho a 50 por hora. Siempre me encuentro al típico italiano que acelera e intenta adelantar y eso, en un lugar como Formentera, me hace sentir violento y me parece un ejercicio de violencia. Pero son los mismos isleños los que se compran Mercedes y no respetan el ritmo natural de la isla, porque si adquieres un coche capaz de alcanzar determinada velocidad lo intentas, aunque sea en una isla de muy pocos kilómetros», comenta.
«En agosto todo está muy roto y la isla no funciona», critica, antes de observar que cualquiera se comporta de manera diferente cuando va solo a cuando forma parte de un grupo de 50, «sea italiano o de cualquier otra nacionalidad». Como ejemplo de turistas que no son conscientes de la fragilidad del lugar que visitan señala a un grupo de italianas que fueron sus vecinas el verano pasado. «Llegaban a gastar tres cubas de agua a la semana, como si no pasara nada. Si se acaba llamas a otro camión y ya está», lamenta.
Él puede presumir de vivir a la luz de las velas, sin electricidad, aunque su casa esté preparada para recibirla: «Entiendo que en invierno sea muy difícil vivir encendiendo quinqués. Pero en verano procuro no encender ni una bombilla. Vivir con velas es un lujo», afirma el artista, que considera que «en Formentera las experiencias siempre son sensuales».