IBIZA | ALBERTO FERRER
—¿Cómo le han embarcado en esto ( ´Deshechos´)?
—Pues fue Adrià Collado quien me llamó, me preguntó si me apetecía y la verdad es que ha merecido la pena.
—¿Ya ha rodado?
—Sí, yo ya he terminado y nos vamos ahora [ayer], en un rato.
—Es una película que trata sobre las reflexiones de los treintaañeros en tiempos de crisis. ¿Dónde encaja usted en todo eso?
—Yo soy un personaje, no se le puede calificar de otro modo, que va al piso [en el que transcurre la trama], porque ha leído un anuncio en el que alquilan una habitación.
—¿Hace usted de tío divertido?
—Más bien de friky total. La verdad es que es un tipo un poco extraño. Es sólo una secuencia e intentas darle una nota de humor, pero es que es muy poco lo que aparezco.
—¿Conocía a Marqués?
—Por ´Aislados´, creo, y de habérmelo encontrado. No sé si lo conocía de antes o no, como ves a mogollón de gente al cabo del año...
—Es una película en la que hay que estar atento a las conversaciones.
—Supongo que sí. El guión es bastante divertido.
—¿Y su presencia en cuánto metraje se traduce?
—En una secuencia. Un minuto y medio o menos.
—Volvemos al principio, ¿cómo le han convencido?
—Sí, sí, Adrià me lo contó y me pareció muy divertido, y si encima te invitan a un sitio que no conoces, la verdad es que está muy bien. En lugar de estar dos días en Madrid muriéndote del asco, estás aquí. Es una gozada, me lo he pasado muy bien y me he quedado con ganas de rodar más.
—Pasa de rodar con Almodóvar a hacerlo con Marqués. ¿Ha tocado fondo?
—No. Los únicos que establecéis la diferencia sois vosotros [la prensa], a mí me da igual. Son personas diferentes, directores distintos y no es mejor ni peor uno que otro. Son maneras de ver el cine y de rodarlo. Disfruté muchísimo trabajando con Almodóvar y aquí, teniendo una sola sesión, me lo he pasado en grande.
—Fernando Tejero [compañero de reparto] decía que todavía le cuesta que no le vean como el portero de ´Aquí no hay quien viva´. ¿A usted le costó mucho que dejaran de verle como Chema [su papel en ´Tesis´]?
—Bueno, la verdad es que todavía se me acerca gente y me habla sobre Chema o sobre Otto [al que encarnó en ´Los amantes del Círculo Polar´]. Imagino que hay personajes que se quedan y se graban más en la retina de los espectadores que otros. Pero bueno, creo que, afortunadamente, tengo la suerte de poder hacer personajes bastante diferentes y si esa versatilidad la ve quien al final tiene que contratarme, para mí es fantástico. Este es un oficio maravilloso, muchas veces me planteo como algo lúdico o hacer un personaje diferente cada vez.
—Al final, llegar a un éxito como para que le identifiquen con un personaje también perjudica al actor.
—Eso yo lo he visto, sobre todo, por personajes que se han hecho en televisión. A mí me ha pasado que de pronto te viene uno y te dice: «Tú eres el de ´Tesis´». Siempre con ese componente: el «Tú eres el de...», el que hace de tal, y tengo compañeros a los que, de repente, les llaman por el nombre del personaje que hacen en televisión y les tratan como si fueran el personaje. Eso es una putada.
—Y si hay que morir de éxito por alguna de las dos cosas, ¿qué prefiere: televisión o cine? La tele parece mejor pagada.
—Me conformo con tener una cierta tranquilidad. Lo que realmente me gusta es hacer teatro. Elegir entre el éxito en la televisión o en el cine, al fin y al cabo, da igual. No es qué personaje hagas, sino la forma en que te trata la gente.
Hay quien de pronto se acerca a ti desde la admiración, pero también el que lo hace desde la falta de respeto e intentando reírse de ti delante de los amigos. Una cosa que es absurda.
—¿Busca esos personajes que sabe que van a marcar a poco que tengan una mínima difusión?
—No, yo me centro en los personajes que me gustan, que me interesan, que me resultan atractivos. Sin pensar en el resultado.
—¿Puede elegir?
—Depende. Por lo general me gusta casi todo lo que me llega, aunque hay muchas cosas que no. Hay veces en que te encuentras con varios proyectos en las mismas fechas. Eso es una putada, porque tienes que descartar.
—¿Y después de este bolo, dónde se va?
—Vuelvo a Madrid. Estoy ensayando una película con Miguel Ángel Lamata que se llama ´Tensión sexual no resuelta´. Es la historia de un profesor de universidad al que le deja su novia por teléfono una semana antes de la boda y lo destroza. El hombre queda muy desamparado. Entonces un alumno suyo le propone ayudarle a recuperar a su chica o, por lo menos, a saber qué ha pasado, haciendo un trabajo de espionaje para ver de dónde viene la decisión tan drástica de ella. Todo a cambio de un aprobado. Es una comedia de situación e irá ocurriendo de todo.
—¿En qué genero se encuentra más cómodo?
—En la comedia, pero se puede decir que ésta es la primera un poco descabellada que hago.
—Nadie lo diría.
—¡Claro, esa es la historia! Muchas veces te catalogan por lo que han visto en la pantalla, y también es normal que la gente no tenga ni idea de cómo eres, porque no te conocen. Sólo los personajes que has hecho.
—En este último semestre, según parece, han aumentado los espectadores del cine y también los que han elegido proyecciones españolas. ¿Es chiripa o algo ha cambiado?
—No lo sé, no soy estadista. Confío en que la gente se esté reconciliando con el cine español. Lo que pasa es que también estoy un poquito harto, no solamente del tema de la crisis del cine porque cuanto más hablemos de este tema más nos hundimos en la mierda. También la crisis económica. Nos están metiendo una psicosis que nos impide levantar cabeza, si no hacemos más que mirar lo mal que estamos poca cosa haremos para remontar. Podemos obviar la palabra crisis, saber que está pero intentar no machacarnos tanto el oído ni el cerebro con esa palabra.
—¿Entonces que haríamos los de la prensa?
—(Se ríe) Pues buscaos la vida, coño, como nosotros.
—¿Y como lo hace usted?
—Compagino con el teatro... Me considero bastante afortunado, con bastantes proyectos. Lo que pasa es que algunos están que salen o no salen, otros se retrasan, pero bueno.
—La gran tragedia del cine español son el montón de títulos que ni llegan a estrenarse. ¿Usted lleva el recuento de las suyas (lleva más de treinta rodajes) que acaban en un cajón?
—Todas menos una, con Jaime de Armiñán, ´Fabian Road´.
—Se considerará un privilegiado.
—Por poder trabajar, sobre todo.
—Últimamente se ensalza la creatividad en los guiones de televisión, principalmente americanos, y se critica lo poco arriesgadas que son las películas.
—Hay historias muy buenas, muy buenos guiones y directores esperando una oportunidad del productor. Creo que tenemos muy buen cine. También es verdad que hay que dejar respirar las películas. Hay un error muy grande: apenas se hace publicidad de las películas y muchas veces no se sabe que hay producciones españolas en cartel. Se confía en el boca a boca, que no funciona siempre. En cada peli que haces metes toda tu ilusión, todo tu esfuerzo y la verdad es que puede llegar a ser un poco frustrante porque somos mucha gente que estamos levantando un proyecto y de pronto está una semana y media o dos en cartel.
—¿Ha ojeado la cartelera de Ibiza?
—He pasado de leer los periódicos, sólo lo que habéis escrito sobre ´Desechos´, del resto he pasado.
—Se lo decía por la falta de títulos españoles, cuesta que lleguen copias, que parece que se quedan en las grandes ciudades.
—En todas las ciudades caben.
—¿Y ha podido ir a la playa?
—No, iré en un rato. Todavía no he podido porque estoy haciendo una entrevista.
—Vaya, enseguida le dejo que se remoje.
—Es que llegamos anteayer [por el martes], también para darme el primer bañito del verano pero ayer [el miércoles] tenía que trabajar y...
—Perdone, ¿el primero del verano?
—Sí, para que vea como están las cosas. ¡Con dos cojones! A finales de julio. ¡Sí señor!