SANT ANTONI | SEBASTIÁN CANDELA
El Portmany venció al Puig d´en Valls en un partido en que cada equipo estuvo ´desaparecido´ una parte. En los primeros 45 minutos, un conjunto portmanysta demasiado apático deambuló por el campo y fue superado claramente por el conjunto visitante, que le dio una lección de pundonor, fuerza, agresividad y colocación. En la segunda mitad ocurrió todo lo contrario y los hombres de Tristán se pusieron el mono de trabajo y copiaron las armas de su rival, mientras los hombres entrenados por el técnico José Manuel Vergel, imitaron la apatía de los de Sant Antoni y a los cinco minutos ya habían perdido el partido.
El Puig d´en Valls, una vez más, fue un magnífico equipo durante 45 minutos, igual que contra el Eivissa. Jugó bien en defensa, mejor en el centro del campo y con criterio en ataque. Dominó a placer a su rival y su victoria parcial en los primeros 45 minutos hacían justicia a su espíritu competitivo y a su predisposición, mientras el Portmany no jugó a nada a pesar de tener a Carlos Navarro, Santa y Puet en el centro del campo, pero fueron desbordados todas las veces.
Al descanso se llegó con un merecido 0-1 en el marcador.
En la reanudación, el Puig d´en Valls salió dormido y desconocido y en cuatro minutos el Portmany ya le había dado la vuelta al marcador (2-1) gracias a los excelentes goles de Puet y Soldat, pero también como consecuencia de un juego fácil e incisivo y a los cambios que Tristán hizo en la segunda mitad, con la entrada de Iván y el siempre peligroso Soldat.
Era otro partido. Como si los equipos se hubieran intercambiado las camisetas en la caseta. Los portmanystas llevaban el peso del partido con las mismas armas que había empleado el Puig d´en Valls en la primera parte y gracias a ello se pusieron por delante en el marcador y dispusieron de otras tres ocasiones claras para marcar, pero el meta Álvaro lo impidió con espectaculares intervenciones.
Por su parte, el Puig d´en Valls que sólo tenía tres recambios en el banquillo –pero dos jugadores eran porteros- afrontó el vendaval como pudo y con el depósito de oxígeno vacio. Hizo lo que pudo y fue más bien poco porque fue desarbolado.
En el tiempo de descuento marcó Mounir el tercer gol, que hacía justicia a su práctico juego de los últimos 45 minutos.
Al final, el Puig d´en Valls se preguntaba qué había pasado en la segunda parte y el Portmany meditaba sobre dónde había estado en los primeros 45 minutos.
El próximo fin de semana el Portmany se enfrenta al Eivissa, un equipo potentísimo, ante el que deberá emplearse a fondo los 90 minutos. Con 45 no le bastará.