MADRID | IÑAKI DOUFOUR EFE
El Atlético de Madrid agrandó su herida con un empate ayer inconcebible frente al Mallorca, en el último minuto y contra nueve jugadores, que agravó la crisis del equipo rojiblanco, incapaz de aprovechar su superioridad numérica durante casi una hora hasta regalar un punto a su rival en el tramo final del duelo (1-1).
De nada le sirvieron dos penaltis, uno fallado y otro marcado por el uruguayo Diego Forlán, ni las dos expulsiones de su contrincante ni siquiera adelantarse en el marcador, porque el partido acabó con un empate insuficiente, impensable para un equipo que partió con el objetivo de la ´Champions´, pero que está en posiciones menores.
El momento del partido no era el más apropiado para el Atlético, con peores números que la temporada del descenso, en 1999-2000, y tras dos días de locura en el club, con negociaciones sin éxito con el entrenador Michael Laudrup, con destitución de Abel Resino, con Santi Denia de técnico de transición y con la llegada de Quique Sánchez Flores, ayer en el palco para seguir a su nuevo equipo.
El Atlético, con más variaciones en el once de las previstas, como la entrada en la portería de David de Gea, la suplencia de Sergio Asenjo o la titularidad del argentino Maxi Rodríguez y Pablo Ibáñez, salió enchufado al duelo, dispuesto a reencontrarse con la confianza perdida por los malos resultados.
Con nueve jugadores y un gol en contra, la misión del conjunto balear de conquistar su primer triunfo a domicilio parecía difícil, pero los mallorquinistas sacaron el empate.