ZÉNICA (BOSNIA) | EFE
El hambre de la generación de oro del fútbol español no tiene fin. El frío, las bajas, un césped convertido en pista de patinaje. Ningún condicionante es capaz de frenar a un grupo de jugadores que salta al campo a ganar siempre, que se divierte jugando al fútbol.
España tiene tantos líderes que ni las ausencias de futbolistas que forman la columna vertebral -Puyol, Xavi, Cesc, Villa y Fernando Torres- la desfigura. Por ahí aparece Casillas para demostrar quien es el mejor portero del mundo. Busquets en un despliegue físico en la presión inmejorable. Iniesta y Silva sacan pases imposibles de la chistera. Y cualquiera es capaz de asomar por el gol.
Bosnia se ha ganado a pulso la repesca. Ha fulminado a Turquía, semifinalista del último Mundial, y a Bélgica. Selecciones favoritas de antemano. En Zénica ha creado un pequeño infierno en un terreno con las medidas mínimas, donde los jugadores sienten el aliento de una afición que acabó rendida a la brillantez del juego español.
Era una fiesta del fútbol con España con pase sellado al Mundial y Bosnia a la repesca. Miroslav Blazevic, seleccionador bosnio, reservaba menos jugadores de lo previsto. Derrotar a la campeona de Europa es un caramelo que eleva la autoestima y salieron decididos.
Provocaron que Casillas sacase su mejor versión el día que se quedó a un partido de ser centenario. El día que pasó a ser el jugador español con más triunfos, 70.
Hasta cinco intervenciones en acciones claras de gol llevaron las manos a la cabeza de los futbolistas bosnios y los 15.000 espectadores que crearon una olla a presión. Djeko y Pjanic con dos disparos colocados fueron las primeras víctimas. Se cumplían diez minutos de sufrimiento, cuando apareció Iniesta.
Sin Xavi ni Cesc en la organización, debía de asumir el peso del juego. Llegaba tocado, aún con el miedo en el cuerpo por un fuerte golpe en Armenia en la zona que le amargó el verano y le alejó de la Confederaciones. No fue al choque. Ni le hizo falta. Posee tanta calidad que primero enfrió el duelo y luego dio un recital. Iniesta pisa el esférico y anestesia a los rivales. Da sentido a cada balón que pasa por sus pies. Desata un fútbol de efectos devastadores. En un minuto, entre el 13 y el 14, España fulminó a Bosnia con el tímido Andrés al mando.