IBIZA | SUSANA M. CAMPOY
La VIII Vuelta cicloturista a Ibiza se cerró ayer con un total de 304 corredores, que pasearon por los reverdecidos valles de Sant Mateu y Santa Agnès hasta regresar de nuevo a Sant Antoni.
Una gran barbacoa y una entrega de trofeos esperaba a todos los participantes en el paseo de Ses Fonts, donde además hubo sorteo de material ciclista entre los participantes.
El sol reinó sobre un cielo azul en la jornada de ayer que se abrió con la subida al Coll de ses Marrades. Una tradición en cada una de las etapas diseñadas por el Club Ciclista San Antonio para esta ronda cicloturista, que siempre ha arrancado con un breve paso por llano para poner a prueba las piernas de los participantes y su habilidad para cambiar de piñón en función del desnivel del repecho.
Tras coronar el monte, el pelotón llegó ya muy disperso al Pla de Corona para poner rumbo hacia Santa Gertrudis. Ya en el kilómetro 10 del recorrido, los continuos altibajos y el cansancio acumulado los días anteriores hacían mella en las fuerzas. Tras atravesar el casco urbano del pueblo, los esforzados cicloturistas se encaminaron hacia una de las zonas más rurales y menos transitadas de Ibiza por la carretera vieja hacia Sant Llorenç y Sant Miquel. Desde allí, precisamente, se inició una rampa no pronunciada pero sí progresiva hacia los montes que rodean el Pla de Sant Mateu, que esperaba reverdecido por las lluvias de hace unas semanas el paso de la comitiva. Un periplo entre viñedos aguardaba a los competidores que, lejos de la competitividad del día anterior, lo que buscaban era el apoyo de algún colega para avanzar en los desniveles con mayor celeridad. Ahí es donde todos los participantes se hicieron iguales y la solidaridad fue más evidente.
Luego, la carretera vieja hacia Santa Agnès mostró a los cicloturistas uno de los rincones más desconocidos y bellos del municipio de Sant Antoni, hasta llegar al Pla de Corona, en Santa Agnès, donde estaba el punto de avituallamiento. Allí hubo que lamentar una baja, la del ciclista alavés Antonio Bengoa, que pilló gravilla en una curva y se fue a parar a una era adyacente, detrás de la iglesia.