IBIZA | SUSANA M. CAMPOY
Mar Sánchez (Ibiza, 1979) deja el salto con pértiga y la próxima temporada de pista cubierta será, probablemente, la última y en longitud. Cambia de vida, la traslada de Soria a su tierra, y afronta su adiós progresivo al atletismo de forma serena y tras una decisión muy meditada. Fiel a sí misma.
—¿Qué le llevó a tomar esta decisión?
—Fue la decepción de quedarme fuera de los Juegos del Mediterráneo. Si es la primera vez que te dejan fuera, lo entiendes y lo aceptas; pero hace dos años ya pasó con la Universiada, el año pasado con los Juegos Iberoamericanos y este año, con los del Mediterráneo, la Federación tampoco contaba conmigo. Así me replantee toda la historia.
—O sea, que en un principio la decisión era definitiva, ¿qué cambió?
—En un principio, la decisión de plegar era definitiva pero luego Toni Roig me dijo que quería relanzar el atletismo en la isla y retomar el proyecto del módulo de pista cubierta, que le ayudara. Me dijo que la temporada no había estado tan mal, que no lo dejara de esa manera, me viniera a Ibiza y siguiera vinculada al atletismo. Bueno, y me convenció. Toni es la persona que más me ha apoyado en el atletismo en estos doce años y le debía el favor. No me pude negar.
— Y dejar la pértiga en favor de la longitud, ¿por qué?
—El salto con pértiga es complicado practicarlo porque no hay técnico en Illes Balears que me pueda ayudar. Así, decidimos mi paso a la longitud y con el reto de hacer una buena campaña, pero con otra filosofía de trabajo.
—Entonces, ¿no será posible verle saltar de nuevo con pértiga?
—Ya no. El campeonato de España fue la última oportunidad. La pértiga queda en el almacén y ahí cogerá polvo.
—¿Ha hecho alguna vez el cálculo de las horas invertidas en el atletismo durante estos doce años?
--Pues lo vamos a ver [tenía una calculadora a mano y lo calculó ella misma]: 365 días a razón de cinco horas al día, serían unas 1.800 horas, pero si quito los fines de semana, serían unas 1.500, aproximadamente. En doce años, en total habré invertido unas 18.000 horas en el salto con pértiga.
—Y después de tanto tiempo invertido, ¿qué balance hace, con qué se queda?
—Me quedo con la lección de vida, con haber sido capaz de tener un sueño y llevarlo a cabo, de tener un proyecto en mi vida, invertir mi tiempo y mi dinero, y conseguirlo, con más o con menos éxito. Es una lección de vida importante, la de conseguir lo que uno se proponga. Esas 18.000 horas invertidas me han dado muchísimas satisfacciones personales, compañeros, viajes, vivencias, lugares, comidas, olores, sabores,... pero sobre todo me quedo con la lección personal.
—¿Seguirá vinculada al deporte?
—De momento compaginaré mi trabajo de fisioterapeuta con los entrenamientos. Por la mañana trabajaré en la pista y por las tardes como fisio. Poco a poco iré incorporándome más al mundo laboral, dejando paulatinamente el deportivo.
—Será un adiós progresivo...
—Sí. No quiero que sea tajante.