MÉRIDA | ROBERTO MORALES / EFE
La selección española selló el pasaporte al Mundial 2010 de Sudáfrica, con un impecable camino creado con pleno de triunfos, en esta ocasión alejado de la brillantez pero sin sufrimiento ante la débil Estonia, a la que tumbó con goles de Cesc Fábregas, Santi Cazorla y Juan Mata.
España ya es mundialista. No faltará a la cita en Sudáfrica, donde será catalogada favorita por su brillante triunfo en la Eurocopa y su brillantez rumbo al Mundial, olvidado el disgusto de la Confederaciones. No quiere el seleccionador que se hable de la España de Del Bosque, sino del grupo de jugadores, de la generación de oro del fútbol español, que le ha tocado dirigir. Y lo hace con éxito, alejado de debates y centrado en seguir innovando en un grupo que no para de crecer. Instalado en un segundo plano cuyo único objetivo es pasar a la historia conquistando el Mundial.
El vapuleo a Bélgica de Riazor hizo pensar al seleccionador en repetir equipo pero si algo es Del Bosque, además de buen entrenador, es psicólogo. Su mano izquierda le ha conducido al éxito en capítulos pasados de su carrera. Y ante Estonia sabía que debía contentar a jugadores. Por el bien del grupo.
El pelotón de cabizbajos lo lideraba Cesc. Su cabeza no para de dar vueltas. Cuando Del Bosque le da la confianza sale a comerse el mundo.
Despertó a la 'Roja' de unos minutos planos, aturullado por el calor, por los 35 grados, y sin ideas en un campo que le faltaba riego para colaborar en la velocidad del fútbol español.
Los cambios en una zaga en la que Gerard Piqué se ha convertido en el auténtico capo, dejaron leves desajustes que aprovechó Estonia. Rival menor del grupo pero que nunca renunció a tocar el balón. No dio un solo pelotazo. Ni en los minutos de asedio. Antes fueron ellos los que hicieron que Iker Casillas se frotase los ojos para creer las acometidas del rival.
Un disparo lejano de Kink, un centro de Oper que remató arriba, sólo, de nuevo Kink, y un taconazo que rozó el palo de Zenjov, dejaban marca en veinte minutos en los que España añoraba el fútbol desplegado en Riazor.
Hasta que apareció Cesc. Asociado con Xavi, mano a mano en la construcción con la espalda cubierta por Marcos Senna, comenzó a asociarse con Silva y Villa. A lanzar paredes y jugadas que acabaron siempre en remates fallidos de Fernando Torres.
No falló Cesc. En una de sus clásicas jugadas, arrancando desde la medular con potencia, encontró la pared repleta de calidad de Villa, que devolvió el balón con el exterior del pie, para que definiese cruzado, ajustado al palo, ante la salida de Pareiko. Fue el tanto de un jugador que disfruta más asistiendo. Su tercero en 44 encuentros. Rabia desatada en la celebración.
El hambre de la selección se personificó en Santi Cazorla y Juan Mata, que aprovecharon al máximo los minutos de los que disfrutaron. Cazorla encontró el hueco y su disparo potente, tras un rechace, se alojó en la red.
España disfrutaba de su clasificación al Mundial cuando, sobre la hora, Mata asistido por Cazorla en un cambio de juego, cruzó su disparo para cerrar un triunfo cómodo, sin brillo pero con el valor de confirmar la presencia de la 'Roja' en Sudáfrica.