IBIZA | SUSANA M. CAMPOY
La pequeña karateca que un mes de agosto hace catorce años acudió con su kimono a su primera clase bajo la mirada de Pepe Torres es hoy día una de las más firmes promesas del kárate nacional junto a la también ibicenca Irene Colomar. Cristina Ferrer, de 21 años, cierra en Ibiza, donde ya descansa, una temporada rica en resultados deportivos y en sensaciones, que espera repetir en 2010.
—Ha llegado el descanso de la guerrera...
—Ya tocaba, después de muchos meses...
—¿Cuántas medallas se ha traído en este viaje desde Barcelona?
—Ocho. Los tres oros internacionales del campeonato de Europa sub 21 individual, el Europeo absoluto por equipos y el último, el del campeonato de Europa Universitario. Luego en los nacionales, otras cinco. Tres oros, el del nacional individual sub 21, el absoluto de clubes con el Samyd e Irene Colomar y el oro del campeonato universitario; una plata, en el campeonato absoluto individual, y un bronce, en el nacional por equipos, también con Irene.
—De todas ellas, ¿cuál le ha hecho más ilusión?
—El oro del Europeo sub 21.
—Echando la vista atrás de esta temporada, ¿cómo la describe?
—Diría que ni en el mejor de mis sueños imaginaba tener una temporada así.
—¿Confía en repetir?
—Eso espero.
—¿Qué recuerda uno cuando sube a lo más alto del podio?
—Yo me acordé de todo. De los entrenos, de los lloros,... De los entrenadores que me apoyaron sobre todo en 2008 que no tuve mucha suerte. Te acuerdas de lo que has sufrido y también de las alegrías.
—¿Cómo empezó?
—Mis padres me apuntaron en kárate, aunque yo quería hacer atletismo. El gimnasio quedaba más cerca.
—¿Estamos ante una explosión del kárate femenino ibicenco?
—Sí, es verdad. Pero también vendrá el masculino. Tiene que venir. Un campeón no se forma en un año, hacen falta muchos. Es un trabajo programado y planificado. Hay chicas, que valen mucho, pero no han tenido la misma suerte que yo y siguen entrenando.
—¿Qué cualidades debe tener un buen karateca?
—Constancia. Mucho entrenamiento. Luego, ser mentalmente duro y tener capacidad de sacrificio. Además de las cualidades que implica todo deporte: potencia, flexibilidad, la morfología también influye...
—¿Cuántas horas dedica al kárate a diario?
—Una hora y media de kárate, más una hora de físico. De lunes a sábado. A partir de enero ya hay competiciones cada fin de semana.
—¿Qué gana y qué pierde con la práctica de este deporte?
—Pierdo tiempo. El de estar con mis amigos. Gano la mayor felicidad que puede tener un deportista que es la victoria. Los entrenamientos me compensan y luego están los campeonatos, que es la culminación.
—¿Querría que fuese posible un sueño aún mayor como el de ser olímpico?
—Ahora en septiembre deciden si el kárate pasa a ser olímpico. Yo lo veo difícil, pero espero equivocarme. Ser olímpico es el sueño de todo deportista y, por supuesto, me gustaría.