EFE
Llevando el peso de una historia que se plantea como un homenaje a la mujer y a su lucha "contra la tiranía del hombre blanco", Manuela sólo tiene buenas palabras para el director vasco, especialmente por su apoyo y porque la tranquilizó en los momentos difíciles, asegurándole que "no iba a hacer nada que yo no quisiera".
Residente en el centro de Madrid con su madre y su hermana, la intérprete, de sólo 19 años, explica que se incorporó al rodaje después de terminar la selectividad, vivir un verano "estupendo" en Venezuela, matricularse en la carrera de Comunicación Audiovisual y apuntarse a una escuela de teatro, "convencida de que quería ser actriz".
Se presentó a las pruebas de selección para la película "muy vergonzosa y tímida" -una manera de ser que no parece abandonar ni en estos días de multitudinarias presentaciones, con un cortísimo vestido de topos negros y encima de unos vertiginosos zapatos de tacón- y mantiene que hizo "fatal" la demostración ante Sara Bilbatua.
Sin embargo, a Medem "le gustó cuando hablaba siendo yo" y, de hecho, el cineasta no ha tenido empacho en escribir que "me gustó ver que se dejaba dirigir, y que era inteligente y muy porosa, pero estaba claro que me quedaba con ella un largo recorrido".
Con horas de ensayo a sus espaldas y un trabajo codo con codo, hoy Manuela rememoraba que "Julio siempre decía que confiara en mí y me hizo crecer en seguridad y en entusiasmo".
Preguntada sobre si cambiaría algo de lo que el público podrá ver a partir de mañana en los cines de toda España, ha respondido que "no tengo un criterio sólido para verme, lo que hago es confiar en Julio y como ahora lo veo todo muy cuidado pienso que debe de estar bien porque a él le gusta".
Respecto a la relación que ambos han establecido, indica que es un hombre con "un mundo muy sensible y especial" y agrega que ella también se considera sensible "y me fascina el mundo de las emociones. Julio, precisamente, me transportaba y me hacía viajar por todo tipo de sensaciones y me explicaba cómo debía mirar en cada plano o como debía tocar con mis manos en otras escenas".
Mantiene que para ella ha sido un "gusto" poder encontrar a Medem, alguien que "consigue que las cosas cobren un sentido bonito y poético, que a mí me gusta mucho, emocionándome su forma de contarlo y vivirlo, y la pasión que muestra por las historias que crea, empapándome de ellas".
Cuando se le requiere a Manuela cómo lleva las buenas palabras que ha recibido públicamente y por escrito del director de "Caótica Ana", señala que llegó al proyecto "muy tímida, insegura y pequeña y Julio, conociéndome poco a poco, se dio cuenta de que a mí me daban fuerza los halagos, que era por allí por donde me crecía para crear el personaje".
En cuanto a las semanas de rodaje, que transcurrieron en localizaciones de Ibiza, Madrid, Nueva York y Fuerteventura, sostiene, sin falsa modestia, que "al ser todo tan nuevo para mí, tenía un brillo en los ojos cada día y una ilusión que arrastraba a la gente y la llevaba conmigo. Es verdad que el ambiente fue fantástico".
Manuela Vellés, que está rodando una nueva película con Javier Fesser con un personaje muy diferente al de Ana, no esconde que le costó comprender el final de su primer film, pero "Julio me lo explicó, lo entendí y me gusta. De hecho, me gusta toda la película", concluye.