LUIS DE LEÓN.EFE
Para López Viejo, Drieu la Rochelle tiene cierta afinidad con los anarquistas rusos Herzen, Bakunin y Kropotkin de su anterior biografía "Tres rusos muy rusos", editada al igual que este libro por Melusina.
"Fueron gente altruista, rebeldes contra la injusticia. Drieu la Rochelle también lo fue y su trayectoria es una prueba de ello a pesar de los errores cometidos", ya que colaboró con la ocupación nazi de Francia, motivo por el que se suicidó al final de la Segunda Guerra Mundial para evitar ser juzgado por traición.
En opinión de López Viejo, "Drieu actuó siempre acorde a sus principios morales, en los que prevaleció el bien común. Esta consideración puede ser rebatida por su antisemitismo, pero entiendo que fue una víctima de ese virus injustificable como tantos otros en su época".
Sin embargo, el interés por la vida de este "aciago seductor", como se subtitula la biografía, reside en el personaje más que en su literatura, "pues es un autor irregular, aunque lo mejor son los relatos".
Históricamente se le inscribe en las vanguardias de comienzos del siglo XX, aunque pronto se alejó de los surrealistas.
Según su biógrafo, el personaje es un arquetipo "de la manera de sentir y discurrir de un intelectual comprometido de la primera mitad del siglo XX al que su pasión política, también a contracorriente, le singulariza aún más".
También es un seductor cuyo éxito con las mujeres hay que atribuir a que era un hombre atractivo y sensible. "Intelectualmente resultaba brillante y su causticidad y carácter hacían el resto", añadió López Viejo.
Fruto de ello fue una sexualidad intensa y desesperada según los distintos momentos vitales y las amantes.
"Siendo un joven formado en el mundo del fin de siglo, un pequeño burgués en ascenso social, la I Guerra Mundial supuso una fractura que fue determinante en la formación de su carácter y en su manera de ver las cosas", señaló su biógrafo.
López Viejo aseguró que su obsesión por el suicidio empezó desde su infancia de niño solitario.
"Siempre reflexionó sobre su muerte, primero como víctima de la relativización de los valores que se produjo tras la guerra y la crisis económica de 1927, y más tarde desde una búsqueda espiritual de la trascendencia y por coherencia ante la derrota de los suyos".
Políticamente se consideraba un revolucionario y un europeísta, "pero como la democracia de la Tercera República francesa era un sistema agotado y corrupto, se radicalizó hacia uno de los dos extremos al igual que la mayoría de los intelectuales de su generación", destacó López Viejo.
Su biógrafo recalcó que "se hizo fascista aunque no se le puede imputar delito alguno que no fuese el de la propaganda, aunque en un ambiente como el suyo, casado con una judía y amigo de judíos, su posición antisemita es una clara traición a los que quiere, y ello, sin duda, le obsesionará".
"A pesar de su fascismo confeso y su aceptación de Hitler, pienso que se le recordará como un intelectual comprometido a pesar de sus equivocaciones", concluyó López Viejo.