EFE
Es probable que Amatriain (San Sebastián, 1980) sea la artista que ha visto más de cerca el techo del escenario del Teatro Real. Su forma de "volar" en brazos de Friedman Vogel en "Romeo y Julieta", que mañana interpreta en ese coliseo, es increíble, lo que quizá explique por qué se convirtió en la solista más joven del Ballet de Stuttgart, uno de los más importantes del mundo, hace ya 7 años.
Amatriain bromea en una entrevista con EFE sobre su "facultad" de acercarse al techo pero también al suelo, porque, ríe, en su debut en ese rol en el Teatro Real el pasado lunes, y mientras hacía, poco después de salir a escena, las piruetas con las que expresa su alegría por el vestido que le ha regalado su madre, resbaló y cayó al suelo de costado ante el sobresalto audible del público.
"El pie que cae no cogió bien el suelo", explica ella como si estuviera hablando de otra cosa que no fuera su propio cuerpo.
Había estado entre bambalinas "nerviosísima", impresionada y pensando "ay Dios mío que esto es el Real", pero la inquietud, asegura, se le quitó "en cuanto" salió.
Quizá por eso, y a pesar de la "costalada", que "sólo" le ha provocado un moratón en la cadera, se empeñó en elevarse cada vez más, como si no le costara nada.
"Me sentí muy bien acogida -hasta cinco veces tuvo que salir a saludar-. Me encantó la forma en la que aplaudían entre escenas pero sobre todo me impresionó el silencio con el que siguieron el tercer acto. Ni siquiera se oyó una tos", rememora feliz.
Si en su estreno, con el que cumplía su sueño de bailar en el Real con su compañía, estaba nerviosa, mañana -segunda y última vez que interpreta en el Real "Romeo y Julieta"- lo estará aún más porque su familia acudirá en tropel desde Stuttgart -donde viven desde que ella empezó a despuntar con la compañía- a aplaudirla.
Lo del concurso público que promueve el Código de Buenas Prácticas del que se dotó el Ministerio de Cultura para cubrir las plazas de directores del CND y el Ballet Nacional de España, entre otros, le parece "incomprensible".
"Llevar una compañía requiere una experiencia impresionante y más si se trata de un ballet nacional. Tiene que ser alguien con experiencia y que sepa lo que se hace. A mi me parece que, por ejemplo, lo que hace Ángel Corella es genial, un paso enorme en la gestión de una compañía", dice.
Espera que en la toma de decisiones se tenga en cuenta "lo importante" que es para un país tener una compañía clásica pero también una moderna y que lo que hace Nacho Duato -director actual del CND- "tiene mucho peso".
Amatriain, que llegó al Ballet de Sttutgart desde el Conservatorio de San Sebastián cuando tenía 14 años, no tiene planes de volver, aunque se sigue sintiendo "cien por cien española".
Nunca se ha puesto metas. "Cojo lo que venga y todavía hay roles que quiero bailar como Manon o Giselle. Quizá lo que más me gustaría es poder bailar con todas las compañías importantes del mundo".
De momento, a falta de algunos flecos para cerrar la cita, volverá a Madrid en otoño del año que viene con el Ballet de Moscú como bailarina invitada.