Leo en el diario del miércoles 8 un artículo de Cristina Martín que titula: «¿Quién odia a Carmen Castro?». Miren: la última vez que me vio un oculista en las consultas del hospital Can Misses fue en septiembre de 2010 y entonces me dijo que, por mi situación (solo veo de un ojo y el otro peligra), debía pasar revisión cada seis meses, así que me dio una nota para citaciones en la que pedía que se me citara en marzo del 2011. En citaciones pasaron de mí y me pusieron en la terrorífica ´lista de espera´, y en ella sigo cuando está a punto de cumplirse un año esperando la visita al especialista.
He escrito varias cartas a este diario a las que la consellera ha hecho oídos sordos (19 octubre de 2011: «Se vende hospital, a estrenar»). Que yo sepa, lo único que ha hecho esta señora es criticar a las autoridades anteriores y echarles las culpas de todos los males actuales, como si no hubiera tenido ya suficiente tiempo para subsanar las deficiencias y contratar a más especialistas. En lugar de eso nos tiene a mí y a muchísimos más pacientes esperando y desesperando por una atención que no llega. Como comprenderá, no estamos en situación anímica como para mandarle a Carmen Castro poemas de amor este próximo San Valentín.
Quizás no sintamos odio, pero le puedo asegurar que indignación sí, y mucha. Así que la pregunta del artículo no debería ser ¿quién odia a Carmen Castro?, sería mejor que se preguntara ¿quién puede amarla? Pregunten a todos los que sufrimos su más injusto abandono.