Con estas palabras empezaba la carta que envié a la presidenta de Icomos el pasado mes de enero para informarle de lo que pasa en esta ciudad con las murallas y calles. Cuando llegó el cambio al Ayuntamiento de Ibiza, me entrevisté con la nueva concejala de Patrimonio y le dije que esperaba no tener que volver a ponerme en contacto con Icomos, pero no me han dejado otra alternativa. Continúan como los anteriores, convirtiendo el Patrimonio de la Humanidad en el Patrimonio de la vergüenza. No acabo de entender la pasividad de los periodistas, historiadores y asociaciones ante el atentado que sufren nuestras murallas, único monumento importante que poseemos y por lo cual obtuvimos el título de Patrimonio de la Humanidad. Pero nos puede pasar como a Dresde o el Santuario de los Óryx árabes, que en 2007 perdieron el título. En Ibiza se disponía de 50 millones de euros para conservar el recinto amurallado; es increíble que aún una de las dos calles para subir a la catedral, la peatonal, esté en un estado lamentable e intransitable. Es intolerable que se sustituyan parapetos de piedra de las murallas de tres siglos de antigüedad por barandillas de balcón y nadie diga nada. O la vergonzosa tubería de plástico sobre la fachada de un baluarte, convirtiendo nuestras murallas en un lamentable y esperpéntico espectáculo. Y todo ello ante las puertas del mismo Ayuntamiento. Fuera de aquí cuidan los barrios antiguos aunque no tengan título pomposo; lo hacen sólo por orgullo propio. Cuando en 1687 el Rey envió a Ibiza al ingeniero Castellón para que le informara sobre el estado de la fortificación y de lo que faltaba por terminar, éste encontró muchas cosas inacabadas, y sobre los baluartes de SanT Bernat y Santa Tecla escribió: «Se han de perfeccionar los parapetos y lo mismo se ha de hacer con la cortina que une los dos dichos cuerpos por estar imperfectas». Ahora los consideran añadidos y quitan parte de éstos; pero no son añadidos, sino acabados, ya que no los habían dejado bien, según Castellón. Como muchas otras deficiencias que encontró en casi todo el recinto y que ordenó enmendar.