Mi amiga Sarah y yo hemos estado viniendo a Ibiza con nuestros hijos durante los últimos siete años. Benirràs es una de la playas mas hermosas del mundo y el almuerzo en ´El Rojo´, el restaurante español que hay en la playa, siempre es un momento importante para nosotros. Allí van familias españolas a celebrar ocasiones especiales con enormes paellas
Comimos un delicioso almuerzo y nos sentamos en la playa a las 5.30. El incendio ya había empezado y pudimos ver un denso humo a la izquierda de la playa. Sarah tiene 4 hijos de entre seis y ocho años y yo dos hijas, de once y trece. La hija de Sarah, Emma, con ocho años, estaba muy angustiada, llorando y pegada a nosotros.
El fuego se extendió a la derecha de la playa y sabía que no podíamos salir en coche. Sarah señaló que con 1.500 personas en la playa íbamos a tener grandes problemas. Ella nadó hasta un barco y les rogó que nos llevaran, ofreciéndoles lo que fuera. Primero dijeron que no podían, pero Sarah insistió y dijeron que sí. Todos nosotros nadamos hasta el barco (menos mal que los niños nadan bien). Dejamos todo en la playa, menos nuestros teléfonos en una bolsa de plástico.
Una vez en el barco, vimos la playa llenarse con humo y nos llevaron al Puerto de San Miguel. Ofrecimos a los dueños del barco 150 euros, todo lo que teníamos, pero no quisieron cobrar nada. Por lo que sabemos, todo el mundo fue evacuado por la buena gente de Ibiza.
Al tocar la arena de la playa, Sarah y yo empezamos a temblar. Fue un susto grande. El Puerto de San Miguel parecía una zona de guerra, con gente sorprendida sin saber como volver a casa.
Cuando volvieron a abrir la playa de Benirràs fui a ver si podía encontrar nuestras cosas. Me encontré con Mari, la señora que maneja ´El Rojo´. Mari había salvado las bolsas y las tenía guardadas. Ella demostró su seriedad amable cuando podría haber pensado solo en su propia seguridad y la de su negocio.
La generosidad de espíritu de las personas de Ibiza (el barco y Mari) es algo que nunca olvidaremos.