Ahora que ha pasado el incendio de Benirràs, me gustaría que los dirigentes políticos tomasen conciencia sobre la problemática de las aglomeraciones de vehículos en las calas de Ibiza. Y voy a exponer el caso de San Antonio porque es el que mejor conozco.
El pasado mes de julio, el Ayuntamiento presentó el nuevo aparcamiento de Cala Salada. Se trata de una playa en la que los coches aparcan en cualquier parte, y si por desgracia ocurriese un accidente, sería bastante complicado que pudiese llegar algún vehículo de emergencias. Pues bien, el Ayuntamiento acondicionó un aparcamiento con un acceso hasta la playa y puso señales de prohibido aparcar en el último tramo de la carretera, que es el más estrecho. Asimismo habilitó un aparcamiento para las motocicletas y ciclomotores, y dejó un espacio a la entrada de la playa en donde, por ejemplo, una ambulancia puede maniobrar para dar la vuelta. Todo correcto.
El problema reside en que las personas somos de naturaleza incivilizada y no hacemos caso a las prohibiciones, por lo que pocos días después de presentar el nuevo aparcamiento el lugar volvía a estar igual. El estacionamiento nuevo se utiliza. El problema es que la gente continúa aparcando en cualquier lado y cuanto más cerca de la playa, mejor.
Me gustaría hacer una sugerencia al Ayuntamiento, ya que se ha preocupado de arreglar la zona: ¿por qué no toma las medidas necesarias para que se respeten las señales? Creo que no costaría mucho enviar a alguien para controlarlo. Un policía, por ejemplo, podría encargarse de ir unas horas determinadas y llamar a la grúa para que se llevase a los vehículos mal aparcados. Seguro que después más de uno se lo pensaría un par de veces antes de estacionar mal.