Ayer tarde unos amigos nuestros de habla inglesa nos relataron que acababan de ser víctimas de un robo en la playa de Cala Leña. Dejaron sus pertenencias en los bolsillos de los pantalones dentro del portamaletas, cerraron el coche y fueron a bañarse. Cuando volvieron, el coche seguía cerrado, porque no sospecharon nada anormal, pero cuando se pusieron los pantalones de nuevo observaron que los móviles y las carteras habían volado. Estos sucesos, que son más frecuentes de lo que creemos, no son buena propaganda para la isla, ya que además del hurto en sí acarrea unos inconvenientes colaterales a quien lo sufre (renovación de documentos, cosa nada fácil, pérdida de direcciones, etcétera). Sería bueno que dentro de lo posible (todos sabemos del sobretrabajo de las fuerzas del orden en verano) hubiera más vigilancia en los sitios más factibles para los ´cacos´ de llevar a cabo su trabajito de apropiarse de lo ajeno.