Desde el radiotaxi del municipio de Eivissa, hace tres días que reiteran: «Se comunica que, desde el próximo jueves día 10 de junio, se suspenden los días de descanso semanal». Se podrían articular algunas leyes, códigos y estatutos que se vulneran, pero parece que esto ya a nadie le importa, así que buscaré otras perspectivas.
Durante al menos tres meses, la gran mayoría de asalariados del taxi trabajará doce horas diarias siete días a la semana. Esto podría ser relativamente razonable en el medievo, si lo transportado fueran ovejas y si la sociedad cristiana no se hubiera echado las manos a la cabeza, pues aún estaba en la memoria popular aquello de «el séptimo día descansaréis» y lo de «no tendrás por esclavo a tu hermano». Pero, bueno, aquellos y estos siempre fueron y son tiempos oscuros para el avaro.
Ni me mueve la ira, ni me mueve el dinero, me interesa la geopolítica, la sociología, el arte, la teología, la filosofía y lo esencial del esclavo en todas sus variantes. Invitaría a los más capaces en estas disciplinas y les acomodaría en una amplia mesa con sillas no muy confortables para que no les asaltara la somnolencia y así pudieran darme atisbos de luz sobre las siguientes cuestiones:
¿Cuál es el desenlace de una sociedad que no respeta sus normas?
¿Asienta el presente las bases del futuro?
¿Por qué son cada vez más los que creen como verdades propias distorsiones ajenas?
¿Quién maneja la cuerda del títere?
¿Dónde están los poetas?
Y es entonces cuando Hamlet, príncipe de Dinamarca, le dice a su amada: «¿Verdad, Ofelia, que no quisiéramos ver a la respetable justicia con atuendo de ramera, retozando en el lecho de un caprichoso?».